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II . La fuga y el barco Una noche , la Mulata oyó voces lejanas . Miró por la ventana y vio muchas antorchas en las calles de la villa . Venían hacia su casa soldados a pie y a caballo , y delante iba don Martín de Ocaña , sobre un caballo blanco de crines largas . El animal tenía miedo del fuego y movía la cabeza sin parar . Los soldados rodearon la casa . « ¡ Abra la puerta ! ¡ En nombre del Santo Oficio ! » , gritó uno . La Mulata no abrió . Se puso un manto blanco y salió por la puerta de atrás . Fuera , en el campo oscuro , la esperaba un hombre muy alto . Llevaba un sombrero grande , y su cara quedaba oculta en la sombra , pero sus ojos echaban fuego . Tenía de la mano dos caballos negros . La Mulata subió a uno de ellos de un salto . Cuando el animal empezó a correr , sus patas hicieron saltar chispas sobre las piedras , y los soldados gritaron de miedo . « ¡ Bruja ! » , gritaron . « ¡ Que no escape ! » Todos corrieron detrás de ella , con don Martín al frente . Corrieron por el campo , por el río y por la selva . A veces veían el manto blanco muy cerca , y el alcalde pensaba : « Ya la tengo » . Pero el manto desaparecía entre las nubes de polvo , y solo se oían dos risas fuertes y alegres en la noche . Esas risas aumentaban la rabia del alcalde . Al amanecer , los pájaros empezaron a cantar . Don Martín paró su caballo , cansado y lleno de polvo . No veía a nadie y no conocía el lugar . Sus soldados se habían perdido , y en la tierra no había huellas . De pronto oyó un ruido suave . Levantó los ojos y se quedó mudo . En una gran piedra , en calma , estaba sentada la Mulata , y a su lado seguía el hombre del sombrero . « Ya basta , señor alcalde » , dijo ella con voz dulce . « Usted no puede alcanzarme . Aunque corra un año entero detrás de mí , no lo conseguirá . Perdone el trabajo que le doy . Mi consejo es que vuelva a Córdoba . » Dijo esto y , antes de que don Martín pudiera hablar , saltó sobre su caballo negro . Desapareció en la niebla como una piedra que lanza una mano fuerte . El alcalde temblaba . Se quitó el sombrero , rezó una oración y volvió a su villa con la cabeza baja . Pasaron los días , y la Mulata no volvió a su casa , pero el Santo Oficio no la olvidó . La hallaron en un pueblo lejano y la llevaron a la ciudad de México . Allí la metieron en una celda bajo tierra , donde nunca entraba la luz del sol . En la capital , todos hablaban del gran juicio . Los inquisidores iban a quemarla en una ceremonia , delante de todo el pueblo . Muchos curas visitaban su celda y querían que pidiera perdón a Dios . Pero la Mulata no quería escucharlos . Les decía con valor que el diablo la ayudaba siempre . Una noche , la Mulata dormía y soñaba con las flores de Córdoba , donde nació . Un ruido la despertó . Oyó pasos , voces y llaves en la puerta . Entró un carcelero con dos faroles , y detrás de él venía un viejo inquisidor , al que ella conocía bien . El carcelero salió , y el viejo se sentó en la cama de paja .
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