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Vóley en la playa de la Malvarrosa
Vera quiere el agua. Yo quiero la red. Estamos en la playa de la Malvarrosa, en Valencia. Aquí la arena no es solo para tumbarse. Hay pistas de vóley playa, con red.
En un pabellón, un equipo de voleibol tiene seis personas. En la arena, cada equipo tiene dos. La pista es de arena, no de suelo duro. Los pies se hunden un poco. Yo voy descalzo. Vera también.
«Un punto», le digo. «Luego el agua.» Ella mira el mar, que está al lado, y asiente. «Uno. Y no cojas el balón.»
Eso es lo difícil para mí. En el vóley no se coge el balón. Se golpea. Cada equipo puede tocarlo tres veces, y luego tiene que pasarlo al otro lado. Yo lo sé. Mis manos, a veces, no.
Nos ponemos los dos en nuestro lado.