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La cerámica es una de las formas de arte más antiguas y representativas de la cultura española. Desde los primeros asentamientos prehistóricos en la Península Ibérica hasta los talleres contemporáneos, el arte de trabajar el barro ha evolucionado sin perder su esencia artesanal. La tradición cerámica en España se remonta a más de seis mil años, cuando las primeras comunidades neolíticas comenzaron a modelar recipientes para almacenar alimentos y agua. Estas piezas primitivas, decoradas con impresiones de conchas y vegetales, ya mostraban un sentido estético notable que caracterizaría la cerámica española a lo largo de los siglos.
Durante la época romana, Hispania se convirtió en uno de los principales centros de producción cerámica del imperio. Los talleres de Terra Sigillata, con sus característicos relieves rojos, producían vajilla de alta calidad que se exportaba a todo el Mediterráneo. Las técnicas romanas