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La calle todavía oscura
Inés trabaja en una librería pequeña en Madrid. Hoy quiere llegar antes de abrir. Quiere estar en la puerta cuando Raúl sube la persiana. Si llega tarde, Raúl espera solo, y ella no quiere eso.
En casa, el reloj ya marca la hora de salir. Inés mira por la ventana y la calle sigue oscura. Parece de noche. Duda. Casi vuelve a la cama. Luego se acuerda de algo cierto en Madrid: la ciudad tiene la hora de Berlín y de Varsovia, pero está más al oeste. El sol llega tarde. El reloj no miente. La luz de la mañana va detrás.
Coge el abrigo y baja. En el portal hace frío. Un vecino sale con el pan bajo el brazo y dice buenos días. La calle todavía no está clara. Inés sonríe y camina al metro.