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No perdió el engañado don Quijote un solo golpe de la cuenta , y halló que con los de la noche pasada era tres mil y veinte y nueve . Parece que había madrugado el sol a ver el sacrificio , con cuya luz volvieron a proseguir su camino , tratando entre los dos del engaño de don Álvaro y de cuán bien acordado había sido tomar su declaración ante la justicia , y tan auténticamente . Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse , si no fue que en ella acabó Sancho su tarea , de que quedó don Quijote contento sobremodo , y esperaba el día , por ver si en el camino topaba ya desencantada a Dulcinea su señora ; y , siguiendo su camino , no topaba mujer ninguna que no iba a reconocer si era Dulcinea del Toboso , teniendo por infalible no poder mentir las promesas de Merlín . Con estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba , desde la cual descubrieron su aldea , la cual , vista de Sancho , se hincó de rodillas y dijo : — Abre los ojos , deseada patria , y mira que vuelve a ti Sancho Panza , tu hijo , si no muy rico , muy bien azotado . Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote , que si viene vencido de los brazos ajenos , viene vencedor de sí mismo ; que , según él me ha dicho , es el mayor vencimiento que desearse puede . Dineros llevo , porque si buenos azotes me daban , bien caballero me iba . — Déjate desas sandeces — dijo don Quijote — , y vamos con pie derecho a entrar en nuestro lugar , donde daremos vado a nuestras imaginaciones , y la traza que en la pastoral vida pensamos ejercitar . Con esto , bajaron de la cuesta y se fueron a su pueblo . Capítulo LXXIII . De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea , con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia A la entrada del cual , según dice Cide Hamete , vio don Quijote que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos , y el uno dijo al otro : — No te canses Periquillo , que no la has de ver en todos los días de tu vida . Oyólo don Quijote , y dijo a Sancho : — ¿ No adviertes , amigo , lo que aquel mochacho ha dicho : ' ' no la has de ver en todos los días de tu vida ' ' ? — Pues bien , ¿ qué importa — respondió Sancho — que haya dicho eso el mochacho ? — ¿ Qué ? — replicó don Quijote — . ¿ No vees tú que , aplicando aquella palabra a mi intención , quiere significar que no tengo de ver más a Dulcinea ? Queríale responder Sancho , cuando se lo estorbó ver que por aquella campaña venía huyendo una liebre , seguida de muchos galgos y cazadores , la cual , temerosa , se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio . Cogióla Sancho a mano salva y presentósela a don Quijote , el cual estaba diciendo : — Malum signum ! Malum signum ! Liebre huye , galgos la siguen : ¡ Dulcinea no parece ! — Estraño es vuesa merced — dijo Sancho — . Presupongamos que esta liebre es Dulcinea del Toboso y estos galgos que la persiguen son los malandrines encantadores que la transformaron en labradora : ella huye , yo la cojo y la pongo en poder de vuesa merced , que la tiene en sus brazos y la regala : ¿ qué mala señal es ésta , ni qué mal agüero se puede tomar de aquí ?
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