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Y en verdad os digo , señores — prosiguió el cabrero — , que ayer determinamos yo y cuatro zagales , los dos criados y los dos amigos míos , de buscarle hasta tanto que le hallemos , y , después de hallado , ya por fuerza ya por grado , le hemos de llevar a la villa de Almodóvar , que está de aquí ocho leguas , y allí le curaremos , si es que su mal tiene cura , o sabremos quién es cuando esté en sus seso , y si tiene parientes a quien dar noticia de su desgracia » . Esto es , señores , lo que sabré deciros de lo que me habéis preguntado ; y entended que el dueño de las prendas que hallastes es el mesmo que vistes pasar con tanta ligereza como desnudez — que ya le había dicho don Quijote cómo había visto pasar aquel hombre saltando por la sierra . El cual quedó admirado de lo que al cabrero había oído , y quedó con más deseo de saber quién era el desdichado loco ; y propuso en sí lo mesmo que ya tenía pensado : de buscalle por toda la montaña , sin dejar rincón ni cueva en ella que no mirase , hasta hallarle . Pero hízolo mejor la suerte de lo que él pensaba ni esperaba , porque en aquel mesmo instante pareció , por entre una quebrada de una sierra que salía donde ellos estaban , el mancebo que buscaba , el cual venía hablando entre sí cosas que no podían ser entendidas de cerca , cuanto más de lejos . Su traje era cual se ha pintado , sólo que , llegando cerca , vio don Quijote que un coleto hecho pedazos que sobre sí traía era de ámbar ; por donde acabó de entender que persona que tales hábitos traía no debía de ser de ínfima calidad . En llegando el mancebo a ellos , les saludó con una voz desentonada y bronca , pero con mucha cortesía . Don Quijote le volvió las saludes con no menos comedimiento , y , apeándose de Rocinante , con gentil continente y donaire , le fue a abrazar y le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus brazos , como si de luengos tiempos le hubiera conocido . El otro , a quien podemos llamar el Roto de la Mala Figura — como a don Quijote el de la Triste — , después de haberse dejado abrazar , le apartó un poco de sí , y , puestas sus manos en los hombros de don Quijote , le estuvo mirando , como que quería ver si le conocía ; no menos admirado quizá de ver la figura , talle y armas de don Quijote , que don Quijote lo estaba de verle a él . En resolución , el primero que habló después del abrazamiento fue el Roto , y dijo lo que se dirá adelante . Capítulo XXIV . Donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena Dice la historia que era grandísima la atención con que don Quijote escuchaba al astroso Caballero de la Sierra , el cual , prosiguiendo su plática , dijo : — Por cierto , señor , quienquiera que seáis , que yo no os conozco , yo os agradezco las muestras y la cortesía que conmigo habéis usado ; y quisiera yo hallarme en términos que con más que la voluntad pudiera servir la que habéis mostrado tenerme en el buen acogimiento que me habéis hecho , mas no quiere mi suerte darme otra cosa con que corresponda a las buenas obras que me hacen , que buenos deseos de satisfacerlas .
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