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Digo , pues , que me torné a emboscar , y a buscar donde sin impedimento alguno pudiese con suspiros y lágrimas rogar al cielo se duela de mi desventura y me dé industria y favor para salir della , o para dejar la vida entre estas soledades , sin que quede memoria desta triste , que tan sin culpa suya habrá dado materia para que de ella se hable y murmure en la suya y en las ajenas tierras . » Capítulo XXIX . Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea , con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo — Esta es , señores , la verdadera historia de mi tragedia : mirad y juzgad ahora si los suspiros que escuchastes , las palabras que oístes y las lágrimas que de mis ojos salían , tenían ocasión bastante para mostrarse en mayor abundancia ; y , considerada la calidad de mi desgracia , veréis que será en vano el consuelo , pues es imposible el remedio della . Sólo os ruego ( lo que con facilidad podréis y debéis hacer ) que me aconsejéis dónde podré pasar la vida sin que me acabe el temor y sobresalto que tengo de ser hallada de los que me buscan ; que , aunque sé que el mucho amor que mis padres me tienen me asegura que seré dellos bien recebida , es tanta la vergüenza que me ocupa sólo el pensar que , no como ellos pensaban , tengo de parecer a su presencia , que tengo por mejor desterrarme para siempre de ser vista que no verles el rostro , con pensamiento que ellos miran el mío ajeno de la honestidad que de mí se debían de tener prometida . Calló en diciendo esto , y el rostro se le cubrió de un color que mostró bien claro el sentimiento y vergüenza del alma . En las suyas sintieron los que escuchado la habían tanta lástima como admiración de su desgracia ; y , aunque luego quisiera el cura consolarla y aconsejarla , tomó primero la mano Cardenio , diciendo : — En fin , señora , que tú eres la hermosa Dorotea , la hija única del rico Clenardo . Admirada quedó Dorotea cuando oyó el nombre de su padre , y de ver cuán de poco era el que le nombraba , porque ya se ha dicho de la mala manera que Cardenio estaba vestido ; y así , le dijo : — Y ¿ quién sois vos , hermano , que así sabéis el nombre de mi padre ? Porque yo , hasta ahora , si mal no me acuerdo , en todo el discurso del cuento de mi desdicha no le he nombrado . — Soy — respondió Cardenio — aquel sin ventura que , según vos , señora , habéis dicho , Luscinda dijo que era su esposa . Soy el desdichado Cardenio , a quien el mal término de aquel que a vos os ha puesto en el que estáis me ha traído a que me veáis cual me veis : roto , desnudo , falto de todo humano consuelo y , lo que es peor de todo , falto de juicio , pues no le tengo sino cuando al cielo se le antoja dármele por algún breve espacio .
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