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Capítulo XLI . Donde todavía prosigue el cautivo su suceso » No se pasaron quince días , cuando ya nuestro renegado tenía comprada una muy buena barca , capaz de más de treinta personas : y , para asegurar su hecho y dalle color , quiso hacer , como hizo , un viaje a un lugar que se llamaba Sargel , que está treinta leguas de Argel hacia la parte de Orán , en el cual hay mucha contratación de higos pasos . Dos o tres veces hizo este viaje , en compañía del tagarino que había dicho . Tagarinos llaman en Berbería a los moros de Aragón , y a los de Granada , mudéjares ; y en el reino de Fez llaman a los mudéjares elches , los cuales son la gente de quien aquel rey más se sirve en la guerra . » Digo , pues , que cada vez que pasaba con su barca daba fondo en una caleta que estaba no dos tiros de ballesta del jardín donde Zoraida esperaba ; y allí , muy de propósito , se ponía el renegado con los morillos que bogaban el remo , o ya a hacer la zalá , o a como por ensayarse de burlas a lo que pensaba hacer de veras ; y así , se iba al jardín de Zoraida y le pedía fruta , y su padre se la daba sin conocelle ; y , aunque él quisiera hablar a Zoraida , como él después me dijo , y decille que él era el que por orden mía le había de llevar a tierra de cristianos , que estuviese contenta y segura , nunca le fue posible , porque las moras no se dejan ver de ningún moro ni turco , si no es que su marido o su padre se lo manden . De cristianos cautivos se dejan tratar y comunicar , aun más de aquello que sería razonable ; y a mí me hubiera pesado que él la hubiera hablado , que quizá la alborotara , viendo que su negocio andaba en boca de renegados . Pero Dios , que lo ordenaba de otra manera , no dio lugar al buen deseo que nuestro renegado tenía ; el cual , viendo cuán seguramente iba y venía a Sargel , y que daba fondo cuando y como y adonde quería , y que el tagarino , su compañero , no tenía más voluntad de lo que la suya ordenaba , y que yo estaba ya rescatado , y que sólo faltaba buscar algunos cristianos que bogasen el remo , me dijo que mirase yo cuáles quería traer conmigo , fuera de los rescatados , y que los tuviese hablados para el primer viernes , donde tenía determinado que fuese nuestra partida . Viendo esto , hablé a doce españoles , todos valientes hombres del remo , y de aquellos que más libremente podían salir de la ciudad ; y no fue poco hallar tantos en aquella coyuntura , porque estaban veinte bajeles en corso , y se habían llevado toda la gente de remo , y éstos no se hallaran , si no fuera que su amo se quedó aquel verano sin ir en corso , a acabar una galeota que tenía en astillero . A los cuales no les dije otra cosa , sino que el primer viernes en la tarde se saliesen uno a uno , disimuladamente , y se fuesen la vuelta del jardín de Agi Morato , y que allí me aguardasen hasta que yo fuese . A cada uno di este aviso de por sí , con orden que , aunque allí viesen a otros cristianos , no les dijesen sino que yo les había mandado esperar en aquel lugar . » Hecha esta diligencia , me faltaba hacer otra , que era la que más me convenía : y era la de avisar a Zoraida en el punto que estaban los negocios , para que estuviese apercebida y sobre aviso , que no se sobresaltase si de improviso la asaltásemos antes del tiempo que ella podía imaginar que la barca de cristianos podía volver .
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