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— Quiero decir — dijo Sancho — que nos demos a ser santos , y alcanzaremos más brevemente la buena fama que pretendemos ; y advierta , señor , que ayer o antes de ayer , que , según ha poco se puede decir desta manera , canonizaron o beatificaron dos frailecitos descalzos , cuyas cadenas de hierro con que ceñían y atormentaban sus cuerpos se tiene ahora a gran ventura el besarlas y tocarlas , y están en más veneración que está , según dije , la espada de Roldán en la armería del rey , nuestro señor , que Dios guarde . Así que , señor mío , más vale ser humilde frailecito , de cualquier orden que sea , que valiente y andante caballero ; mas alcanzan con Dios dos docenas de diciplinas que dos mil lanzadas , ora las den a gigantes , ora a vestiglos o a endrigos . — Todo eso es así — respondió don Quijote — , pero no todos podemos ser frailes , y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo : religión es la caballería ; caballeros santos hay en la gloria . — Sí — respondió Sancho — , pero yo he oído decir que hay más frailes en el cielo que caballeros andantes . — Eso es — respondió don Quijote — porque es mayor el número de los religiosos que el de los caballeros . — Muchos son los andantes — dijo Sancho . — Muchos — respondió don Quijote — , pero pocos los que merecen nombre de caballeros . En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente , sin acontecerles cosa que de contar fuese , de que no poco le pesó a don Quijote . En fin , otro día , al anochecer , descubrieron la gran ciudad del Toboso , con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho , porque no sabía la casa de Dulcinea , ni en su vida la había visto , como no la había visto su señor ; de modo que el uno por verla , y el otro por no haberla visto , estaban alborotados , y no imaginaba Sancho qué había de hacer cuando su dueño le enviase al Toboso . Finalmente , ordenó don Quijote entrar en la ciudad entrada la noche , y , en tanto que la hora se llegaba , se quedaron entre unas encinas que cerca del Toboso estaban , y , llegado el determinado punto , entraron en la ciudad , donde les sucedió cosas que a cosas llegan . Capítulo IX . Donde se cuenta lo que en él se verá Media noche era por filo , poco más a menos , cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso . Estaba el pueblo en un sosegado silencio , porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida , como suele decirse . Era la noche entreclara , puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura , por hallar en su escuridad disculpa de su sandez . No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros , que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho . De cuando en cuando , rebuznaba un jumento , gruñían puercos , mayaban gatos , cuyas voces , de diferentes sonidos , se aumentaban con el silencio de la noche , todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero ; pero , con todo esto , dijo a Sancho : — Sancho , hijo , guía al palacio de Dulcinea : quizá podrá ser que la hallemos despierta . — ¿ A qué palacio tengo de guiar , cuerpo del sol — respondió Sancho — , que en el que yo vi a su grandeza no era sino casa muy pequeña ?
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