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— Ni miento ni sueño — respondió Sancho — : si no , pregúntenme las señas de las tales cabras , y por ellas verán si digo verdad o no . — Dígalas , pues , Sancho — dijo la duquesa . — Son — respondió Sancho — las dos verdes , las dos encarnadas , las dos azules , y la una de mezcla . — Nueva manera de cabras es ésa — dijo el duque — , y por esta nuestra región del suelo no se usan tales colores ; digo , cabras de tales colores . — Bien claro está eso — dijo Sancho — ; sí , que diferencia ha de haber de las cabras del cielo a las del suelo . — Decidme , Sancho — preguntó el duque — : ¿ vistes allá en entre esas cabras algún cabrón ? — No , señor — respondió Sancho — , pero oí decir que ninguno pasaba de los cuernos de la luna . No quisieron preguntarle más de su viaje , porque les pareció que llevaba Sancho hilo de pasearse por todos los cielos , y dar nuevas de cuanto allá pasaba , sin haberse movido del jardín . En resolución , éste fue el fin de la aventura de la dueña Dolorida , que dio que reír a los duques , no sólo aquel tiempo , sino el de toda su vida , y que contar a Sancho siglos , si los viviera ; y , llegándose don Quijote a Sancho , al oído le dijo : — Sancho , pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo , yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos ; y no os digo más . Capítulo XLII . De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula , con otras cosas bien consideradas Con el felice y gracioso suceso de la aventura de la Dolorida , quedaron tan contentos los duques , que determinaron pasar con las burlas adelante , viendo el acomodado sujeto que tenían para que se tuviesen por veras ; y así , habiendo dado la traza y órdenes que sus criados y sus vasallos habían de guardar con Sancho en el gobierno de la ínsula prometida , otro día , que fue el que sucedió al vuelo de Clavileño , dijo el duque a Sancho que se adeliñase y compusiese para ir a ser gobernador , que ya sus insulanos le estaban esperando como el agua de mayo . Sancho se le humilló y le dijo : — Después que bajé del cielo , y después que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan pequeña , se templó en parte en mí la gana que tenía tan grande de ser gobernador ; porque , ¿ qué grandeza es mandar en un grano de mostaza , o qué dignidad o imperio el gobernar a media docena de hombres tamaños como avellanas , que , a mi parecer , no había más en toda la tierra ? Si vuestra señoría fuese servido de darme una tantica parte del cielo , aunque no fuese más de media legua , la tomaría de mejor gana que la mayor ínsula del mundo .
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