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— ¡ Quién sabe ! . . . ¡ Soy tan débil ! Yo nací para que una mujer me mantenga , pero con dignidad , ¿ sabes ? , y si no , ¡ nada ! — Y ¿ a qué llamas dignidad ? ¿ puede saberse ? — ¡ Hombre , eso no se pregunta ! Hay cosas que no pueden definirse . — ¡ Es verdad ! — contestó con profunda convicción Rogelio , añadiendo : Y si la pianista te deja , ¿ qué vas a hacer ? — Pues quedar vacante . Y a ver si alguna otra me conquista . ¡ He sido ya conquistado tantas veces . . . ! Pero ésta , con eso de no ceder , de mantenerse siempre a honesta distancia , de ser honrada , en fin , porque como honrada lo es hasta donde la que más , con todo eso me tenía chaladito , pero del todo chaladito . Habría acabado por hacer de mí lo que hubiese querido . Y ahora , si me deja , lo sentiré , y mucho , pero me veré libre . — ¿ Libre ? — Libre , sí , para otra . — Yo creo que haréis las paces . . . — ¡ Quién sabe ! . . . Pero lo dudo , porque tiene un geniecito . . . Y hoy la ofendí , la verdad , la ofendí . XVII — ¿ Te acuerdas , Augusto — le decía Víctor — , de aquel don Eloíno Rodríguez de Alburquerque y Álvarez de Castro ? — ¿ Aquel empleado de Hacienda tan aficionado a correrla , sobre todo de lo baratito ? — El mismo . Pues bien . . . ¡ se ha casado ! — ¡ Valiente carcamal se lleva la que haya cargado con él ! — Pero lo estupendo es su manera de casarse . Entérate y ve tomando notas . Ya sabrás que don Eloíno Rodríguez de Alburquerque y Álvarez de Castro , a pesar de sus apellidos , apenas si tiene sobre qué caerse muerto ni más que su sueldo en Hacienda , y que está , además , completamente averiado de salud . — Tal vida ha llevado . — Pues el pobre padece una afección cardíaca de la que no puede recobrarse . Sus días están contados . Acaba de salir de un achuchón gravísimo , que le ha puesto a las puertas de la muerte y le ha llevado al matrimonio , pero a otro . . . revienta . Es el caso que el pobre hombre andaba de casa en casa de huéspedes y de todas partes tenía que salir , porque por cuatro pesetas no pueden pedirse gollerías ni canguingos en mojo de gato y él era muy exigente . Y no del todo limpio . Y así rodando de casa en casa fué a dar a la de una venerable patrona , ya entrada en años , mayor que él , que , como sabes , más cerca anda de los sesenta que de los cincuenta , y viuda dos veces : la primera , de un carpintero que se suicidó tirándose de un andamio a la calle , y a quien recuerda a menudo como su Rogelio , y la segunda , de un sargento de carabineros que le dejó al morir un capitalito que le da una peseta al día . Y hete aquí que hallándose en casa de esta señora viuda mi don Eloíno en ponerse malo , muy malo , tan malo que la cosa parecía sin remedio y que se moría . Llamaron primero a que le viera don José , y luego a don Valentín . Y el hombre , ¡ a morir !
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