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Diez minutos después Gastón y yo salimos . Margarita me estrechó la mano diciéndome « adiós » , y se quedó con Prudencia . — Bueno , hombre , bueno . ¿ Qué hay ? — me preguntó Gastón cuando estuvimos en la calle ; — ¿ qué decís de Margarita ? — Que es un ángel , y estoy loco por ella . — Me lo figuraba . ¿ Se lo habéis dicho ? — Sí . — ¿ Y ha prometido creeros ? — No . — No es como Prudencia . — ¿ Os lo ha prometido ? — ¿ Prometido ? ¡ Ha hecho más , amigo mío ! Nadie creería que la gruesa Duvernoy se mantuviese tan tersa . CAPÍTULO XI Al llegar Armando a este punto , suspendió un momento su narración . — Tened la bondad de cerrar la ventana — me dijo . — Empiezo a sentir frío , porque a estas horas acostumbro meterme en cama . Cerré la ventana ; Armando , que aún estaba muy débil , se quitó la bata y se acostó , dejando reposar por algunos instantes su cabeza sobre la almohada , como un hombre cansado de una larga jornada o excitado por penosos recuerdos . — Quizá habéis hablado en demasía — le dije ; — ¿ queréis que me vaya y os deje dormir ? Otro día me contaréis el fin de esa historia . — ¡ Es verdad ! ¿ Os fastidia tal vez ? — Al contrario . — Entonces proseguiré . Si me dejaseis solo , no podría dormir . — Al llegar a mi casa — continuó , sin necesidad de coordinar ideas , tan presentes estaban en su memoria todos los detalles , — no me acosté y me puse a reflexionar sobre la aventura del día . El encuentro , la presentación , el compromiso de Margarita conmigo , todo había sido tan rápido , tan inesperado , que en ciertos momentos creí haberlo soñado . Sin embargo , no era la primera vez que una mujer como Margarita se comprometía con un hombre para el día siguiente al en que él la solicitaba . El mío era uno de estos casos . Aunque yo me esforzaba en afirmar esta reflexión , había sido tan fuerte la primera impresión que en mí produjo aquella que iba a ser mi querida , que no bastaban mis esfuerzos a desvanecerla . Yo me obstinaba en no ver en ella una de tantas , y con la vanidad proverbial de todos nosotros , estaba dispuesto a creer que Margarita sentía por mí igual simpatía que la que yo experimentaba por ella . Sin embargo , yo tenía presentes ejemplos bien contradictorios , y frecuentemente había oído decir que el amor de Margarita era una especie de mercancía más o menos cara , según la estación . Pero yo me decía en mi abono : « ¿ cómo conciliar semejante reputación con las continuas negativas hechas al joven conde que habíamos visto en su casa ? » . Acaso me digáis que éste la disgustaba , y que como ella era mantenida espléndidamente por el duque , quería tomar otro y escogerlo a su gusto . Entonces , ¿ por qué no admitía a Gastón , buen mozo , alegre , ingenioso y rico , prefiriéndome al parecer a mí , que me encontró tan ridículo la primera vez que me vió ? Es verdad que a veces se consigue en un minuto lo que no es posible en todo el año . De los que estábamos cenando con ella , yo había sido el único que se había asustado al ver que se levantaba de la mesa .
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