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— Os doy gracias . Ahora decidme cuál es la comisión que os encargó ayer . — Ninguna ; era sencillamente un pretexto para hacer que el conde se marchara ; pero me dió otra para hoy , y aquí traigo la respuesta . Entonces salió Margarita de su tocador , coquetamente ataviada , cubierta la cabeza con un elegante gorro de dormir , adornado con cintas color caña . Estaba encantadora . Venía con los pies desnudos , dentro de unas ricas chinelas de satén , y estaba acabando el tocado de las uñas . — Y bien — dijo precipitadamente a Prudencia , — ¿ habéis visto al duque ? — Sí . — ¿ Y qué os ha dicho ? — Me ha entregado . . . — ¿ Cuánto ? — Seis mil . — ¿ Los traéis ? — ¡ No que no ! — ¿ Se manifestó disgustado ? — ¡ Ca ! — ¡ Pobre hombre ! Esta exclamación fué pronunciada en un tono indescriptible . Margarita tomó seis billetes de mil francos . — ¡ Ya era tiempo ! — dijo . — Querida Prudencia , ¿ necesitáis algo ? — Ya sabéis , hija mía , que faltan sólo dos días para el quince ; si pudieseis prestarme tres o cuatrocientos francos , me haríais un grandísimo favor . — Mandad por ellos mañana por la mañana , pues ya es demasiado tarde para mandar al cambio . — No os olvidéis . — No hay cuidado . ¿ Queréis cenar con nosotros ? — No , Carlos me está esperando . — ¿ Aún seguís enamorados ? — Enamoradísimos . Hasta mañana . Adiós , Armando . Prudencia se marchó . Margarita abrió un cajón y echó en él los billetes de Banco . — Permitiréis que me acueste , ¿ verdad ? — dijo sonriendo y dirigiéndose a la cama . — No solamente os lo permito , sino os lo ruego . Entonces separó el rico cobertor de la cama y se acostó . — Ahora — dijo , — venid , sentaos a mi lado y hablemos . Había acertado Prudencia ; la contestación del duque que ella había traído transformó a Margarita . — ¿ Me perdonáis el mal humor de esta noche ? — me dijo tomándome una mano . — Os lo perdono todo . — ¿ Me amáis ? — Con delirio . — ¿ A pesar de mi mal genio ? — A pesar de todo . — ¿ Me lo juráis ? — Sí — dije prolongando la sílaba muy por lo bajo . En esto entró Nanina trayendo un pollo fiambre , una botella de Burdeos , fresas y dos cubiertos . — No he mandado hacer ponche — dijo Nanina , — porque os conviene más el Burdeos . ¿ No es verdad , caballero ? — Ciertamente — respondí conmovido aún por las últimas palabras de Margarita y fijando en ella mi ardiente mirada . — Bueno — dijo Margarita , — deja todo eso sobre la mesita y acércala a la cama ; nos serviremos nosotros mismos . Llevas ya perdidas tres noches , y debes estar fatigada ; vete a la cama , que ya no necesito nada más . — ¿ Cerraré la puerta con llave ? — Perfectamente , y sobre todo no dejéis entrar a nadie antes del mediodía . CAPÍTULO XII Los primeros albores del naciente día empezaron a penetrar al través de las cortinillas , cuando Margarita me dijo : — Dispénsame si te despido ; pero es indispensable . El duque viene todas las mañanas ; cuando venga se le dirá que estoy durmiendo , pero es casi seguro que aguardará a que despierte . Yo cogí entre mis manos la cabeza de Margarita , cuyos cabellos destrenzados flotaban en torno de su cuello , y le di el beso de despedida , preguntándole :
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