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— ¿ Puedo permitirme preguntaros cuál ha sido el resultado de vuestras reflexiones , padre mío ? — Ha sido , hijo mío , que he comprendido que tal vez había exagerado la importancia de las noticias que me dieron , y he resuelto ser menos severo . — ¿ Qué decís , padre mío ? — exclamé con alegría . — Digo , querido hijo , que siendo casi indispensable que los jóvenes tengan una querida , he tomado nuevos informes de la señorita Gautier y creo que debes preferirla a otra . — Querido padre , ¡ cuán feliz me hacéis ! Continuamos hablando así por algunos instantes , y luego nos sentamos a la mesa . Mi padre estuvo muy complaciente todo el rato que duró la comida . Yo no veía el momento de volver a Bougival para dar cuenta a Margarita de un cambio tan satisfactorio . Miraba el reloj a cada instante . — Deseas que llegue pronto la hora — dijo mi padre ; — muy impaciente estás por dejarme . ¡ Oh , jóvenes ! ¡ siempre sacrificáis las afecciones sinceras a las dudosas ! — No digáis eso , padre mío ; Margarita me ama , estoy seguro de ello . Mi padre no contestó . Insistió bastante para que me quedara aquella noche en su compañía , pero yo había dejado a Margarita delicada y triste , y le pedí permiso para ir a reunirme con ella , prometiéndole volver al día siguiente . Hacía buen tiempo y vino a acompañarme hasta la estación . Nunca me había considerado tan dichoso . En el momento en que iba a marcharme insistió de nuevo para que me quedara , pero yo le disuadí y marché . — ¡ Mucho la amas ! — Locamente . — Anda con Dios — me dijo , y se pasó la mano por la frente como si hubiese querido alejar de sí algún pensamiento triste . Luego movió los labios como para decirme algo , pero se contentó con estrechar mi mano y se alejó rápidamente diciendo : — ¡ Hasta mañana ! CAPÍTULO XXII El tren me parecía que no andaba . Llegué a Bougival a las once . En ninguna de las ventanas de la casa se veía luz . Llamé y nadie respondió . — ¿ Dónde está tu señora ? — Ha ido a París — contestó Nanina . — ¿ A París ? — Sí , señor . — ¿ Cuándo ? — Una hora después que vos . — ¿ Y no te ha dado ningún encargo para mí ? — Nada . — Es extraño . ¿ Ni te ha dicho que le esperase ? — No , señor . Nanina se retiró . « Habrá sentido celos — me dije , — y habrá ido a París para cerciorarse de si lo de ver a mi padre era sólo un pretexto para gozar de un día de libertad . « O será que Prudencia le ha escrito para algún asunto importante ; pero a mi llegada he visto a la Duvernoy y nada me ha dicho que pudiera hacerme sospechar que hubiese escrito a Margarita » . De pronto me acordé de la pregunta aquélla : « ¿ No vendrá , pues ? » que Prudencia me había dirigido cuando le dije que Margarita se hallaba enferma . Recordé también la turbación de la Duvernoy durante nuestra entrevista . A estos recuerdos unióse el de las lágrimas de Margarita durante todo el día , lágrimas que la acogida que me dispensó mi padre me había hecho olvidar por unos momentos .
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