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— Está muy bien — tartamudeé , — se me había olvidado . Volví a mi casa como un hombre ebrio , y ¿ sabéis lo que hice durante aquel momento de delirio ? ¿ sabéis lo que hice ? Creyendo que aquella mujer se burlaba de mí , me la representé en su inviolable entrevista con el conde , repitiéndole las mismas frases y las mismas caricias que me había prodigado durante la noche , y tomando un billete de quinientos francos , se lo remití con una carta que decía así : « Esta mañana os habéis marchado tan a prisa , que me olvidé de pagaros . « Aquí tenéis el importe de vuestra visita » . Mandada ya la carta a su destino , salí de mi casa como para substraerme al remordimiento instantáneo de semejante infamia . Fuí a ver a Olimpia , a la que encontré probándose unos vestidos y que , cuando estuvimos solos , cantó para distraerme , algunas estrofas obscenas . Ésta era el verdadero tipo de la mujer sin rubor , corazón ni talento , con relación a mí , se entiende , pues era muy posible que otro hombre hubiese pasado con ella una noche semejante a la que yo había pasado con Margarita . Me pidió dinero , se lo di , y libre ya de poder retirarme , volví a mi casa . Margarita no había contestado a mi carta . Es inútil deciros cuán agitado pasé el día siguiente . A las seis y media de la tarde un mozo me trajo un pliego dentro del cual venía mi carta y el billete de quinientos francos . — ¿ Quién os ha entregado esto ? — pregunté a aquel hombre ? — Una señora que , acompañada de una criada , iba a partir en la diligencia de Boulogne , quien me encargó que no la llevase a su destino hasta que el carruaje se hubiese puesto en marcha . Fuíme corriendo a casa de Margarita . — La señora — me dijo el portero , — ha salido para Inglaterra esta tarde a las seis . Ya nada podía detenerme en París , ni el amor ni el odio . Tantas emociones juntas me habían aniquilado . Uno de mis amigos iba a emprender un viaje a Oriente ; obtuve de mi padre el permiso , además de algunos fondos y cartas de recomendación , y a los ocho o diez días me embarcaba en Marsella . En Alejandría supe por un agregado de la embajada , a quien había visto algunas veces en casa de Margarita , el estado alarmante de la enfermedad de la desdichada joven . Entonces le escribí la carta a la cual dió la contestación que ya conocéis , y que recibí en Tolón . Púseme inmediatamente en camino , y ya sabéis todo lo demás . Ahora ya no os queda más que leer las pocas páginas que me entregó Julia Duprat , las cuales son el complemento indispensable de cuanto acabo de referiros . CAPÍTULO XXV Fatigado Armando con su larga relación , interrumpida sólo por sus lágrimas , dejó caer la frente entre sus manos y cerró los ojos , ya fuese para meditar , ya para conciliar el sueño , luego de haber puesto en mi mano las hojas escritas por Margarita . Bien pronto una respiración algo más rápida , me probó que Armando dormitaba , con ese sueño ligero que disipa el menor ruido .
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