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En una de estas asomadas , peligrosas por todo extremo , vio que las tropas habían ya avanzado hasta la puerta de aquella casa , mientras que los sediciosos retrocedían hasta la plaza de Santo Domingo , no sin continuar haciendo fuego por escalones , con admirable serenidad y bravura . — Y vio asimismo que a la cabeza de los soldados , y aun de los oficiales y jefes , se distinguía , por su enérgica y denodada actitud y por las ardorosas frases con que los arengaba a todos , un hombre como de cuarenta años , de porte fino y elegante , y delicada y bella , aunque dura , fisonomía ; delgado y fuerte como un manojo de nervios ; más bien alto que bajo , y vestido medio de paisano , medio de militar . Queremos decir que llevaba gorra de cuartel con tres galoncillos de la insignia de Capitán ; levita y pantalón civiles , de paño negro ; sable de oficial de infantería , y canana y escopeta de cazador . . . , no del Ejército , sino de conejos y perdices . Mirando y admirando estaba precisamente la madrileña a tan singular personaje , cuando los republicanos hicieron una descarga sobre él , por considerarlo sin duda más temible que todos los otros , o suponerlo general , ministro o cosa así , y el pobre capitán , o lo que fuera , cayó al suelo , como herido de un rayo y con la faz bañada en sangre , en tanto que los revoltosos huían alegremente muy satisfechos de su hazaña , y que los soldados echaban a correr detrás de ellos , anhelando vengar al infortunado caudillo . . . Quedó , pues , la calle sola y muda , y , en medio de ella , tendido y desangrándose , aquel buen caballero , que acaso no había expirado todavía , y a quien manos solícitas y piadosas pudieran tal vez librar de la muerte . . . — La joven no vaciló un punto : corrió adonde estaban su madre y la doméstica ; explicoles el caso ; díjoles que en la calle de Preciados no había ya tiros ; tuvo que batallar , no tanto con los prudentísimos reparos de la generosa guipuzcoana , como con el miedo puramente animal de la informe gallega , y a los pocos minutos las tres mujeres transportaban en peso a su honesta casa , y colocaban en la alcoba de honor de la salita principal , sobre la lujosa cama de la viuda , el insensible cuerpo de aquel que , si no fue el verdadero protagonista de la jornada del 26 de Marzo , va a serlo de nuestra particular historia . IV EL PELLEJO PROPIO Y EL AJENO Poco tardaron en conocer las caritativas hembras que el gallardo Capitán no estaba muerto , sino meramente privado de conocimiento y sentidos por resultas de un balazo que le había dado de refilón en la frente , sin profundizar casi nada en ella . Conocieron también que tenía atravesada y acaso fracturada la pierna derecha , y que no debía descuidarse ni por un momento aquella herida , de la cual fluía mucha sangre . Conocieron , en fin , que lo único verdaderamente útil y eficaz que podían hacer por el desventurado era llamar en seguida a un facultativo . . .
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