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— Prepárese usted ahora , señor semi - Dios — dijo Sofía — a coronar todas sus hazañas haciendo un milagro , que milagro será dar la vista a un ciego de nacimiento . . . . Mira , allí sale D . Francisco a recibirnos . Avanzando por lo alto del cerro que limita las minas del lado de Poniente , habían llegado a Aldeacorba y a la casa del señor de Penáguilas , que echándose el chaquetón a toda prisa , salió al encuentro de sus amigos . Caía la tarde . - XI - El patriarca de Aldeacorba — Ya la están ordeñando — dijo antes de saludarles — . Supongo que todos tomarán leche . ¿ Cómo va ese valor , doña Sofía ? . . . ¿ Y usted , D . Teodoro ? . . . ¡ Buena carga se ha echado a cuestas ! ¿ Qué tiene María Canela ? . . . una patita mala . ¿ De cuándo acá gastamos esos mimos ? Entraron todos en el patio de la casa . Oíanse los graves mugidos de las vacas que acababan de entrar en el establo , y este rumor , unido al grato aroma campesino del heno que los mozos subían al pajar , recreaba dulcemente los sentidos y el ánimo . El médico sentó a la Nela en un banco de piedra , y ella , paralizada por el respeto , no se atrevía a hacer movimiento alguno y miraba a su bienhechor con asombro . — ¿ En dónde está Pablo ? — preguntó el ingeniero . — Acaba de bajar a la huerta — replicó el señor de Penáguilas , ofreciendo una rústica silla a Sofía — . Mira , Nela , ve y acompáñale . — No , no quiero que ande todavía — objetó Teodoro , deteniéndola — . Además va a tomar leche con nosotros . — ¿ No quiere usted ver a mi hijo esta tarde ? — preguntó el señor de Penáguilas . — Con el examen de ayer me basta — replicó Golfín — . Puede hacerse la operación . — ¿ Con éxito ? — ¡ Ah ! ¡ Con éxito ! . . . eso no se puede decir . ¡ Cuán gran placer sería para mí dar la vista a quien tanto la merece ! Su hijo de usted posee una inteligencia de primer orden , una fantasía superior , una bondad exquisita . Su absoluto desconocimiento del mundo visible hace resaltar más aquellas grandiosas cualidades . . . se nos presentan solas , admirablemente sencillas , con todo el candor y el encanto de las grandes creaciones de la Naturaleza , donde no ha entrado el arte de los hombres . En él todo es idealismo , un idealismo grandioso , enormemente bello . Es como un yacimiento colosal , como el mármol en las canteras . . . . No conoce la realidad . . . vive la vida interior , la vida de ilusión pura . . . . ¡ Oh ! ¡ Si pudiéramos darle vista ! . . . A veces me digo : « si al darle la vista le convertiremos de ángel en hombre . . . » Problema y duda tenemos aquí . . . Pero hagámosle hombre ; ese es el deber de la ciencia ; traigámosle del mundo de las ilusiones a la esfera de la realidad , y entonces , dado su poderoso pensar , será verdaderamente inteligente y discreto ; entonces sus ideas serán exactas y tendrá el don precioso de apreciar en su verdadero valor todas las cosas . Sacaron los vasos de leche blanca , espumosa , tibia , rebosando de los bordes con hirviente oleada . Ofreció Penáguilas el primero a Sofía , y los caballeros se apoderaron de los otros dos . Teodoro Golfín dio el suyo a la Nela , que abrumada de vergüenza se negaba a tomarlo . — Vamos , mujer — dijo Sofía — no seas mal criada : toma lo que te dan .
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