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Después fijó los suyos con atención profunda en aquello que fluctuaba entre persona y cadáver , y con acento de amargura exclamó : — ¡ Alma ! ¿ qué pasa en ti ? Florentina se echó a llorar . — ¡ El alma — murmuró , inclinando su cabeza sobre el pecho — ya ha volado ! — No — dijo Teodoro , tocando a la Nela — . Aún hay aquí algo ; pero es tan poco , que parece ha desaparecido ya su alma y han quedado sus suspiros . — ¡ Dios mío ! . . . — exclamó la de Penáguilas , empezando una oración . — ¡ Oh ! , ¡ desgraciado espíritu ! — murmuró Golfín — . Es evidente que estaba muy mal alojado . . . . Los dos la observaron muy de cerca . — Sus labios se mueven — gritó Florentina . — Habla . Sí , los labios de la Nela se movieron . Había articulado una , dos , tres palabras . — ¿ Qué ha dicho ? — ¿ Qué ha dicho ? Ninguno de los dos pudo comprenderlo . Era sin duda el idioma con que se entienden los que viven la vida infinita . Después sus labios no se movieron más . Estaban entreabiertos y se veía la fila de blancos dientecillos . Teodoro se inclinó , y besando la frente de la Nela , dijo así con firme acento : — Mujer , has hecho bien en dejar este mundo . Florentina se echó a llorar , murmurando con voz ahogada y temblorosa : — Yo quería hacerla feliz , y ella no quiso serlo . - XXII - Adiós ¡ Cosa rara , inaudita ! La Nela que nunca había tenido cama , ni ropa , ni zapatos , ni sustento , ni consideración , ni familia , ni nada propio , ni siquiera nombre , tuvo un magnífico sepulcro que causó no pocas envidias entre los vivos de Socartes . Esta magnificencia póstuma fue la más grande ironía que se ha visto en aquellas tierras calaminíferas . La señorita Florentina , consecuente con sus sentimientos generosos , quiso atenuar la pena de no haber podido socorrer en vida a la Nela , con la satisfacción de honrar sus pobres despojos después de la muerte . Algún positivista empedernido , criticona por esto ; pero nosotros vemos en tan desusado hecho una prueba más de la delicadeza de su alma . Cuando la enterraron , los curiosos que fueron a verla ¡ esto sí que es inaudito y raro ! la encontraron casi bonita ; al menos así lo decían . Fue la única vez que recibió adulaciones . Los funerales se celebraron con pompa , y los clérigos de Villamojada abrieron tamaña boca al ver que se les daba dinero por echar responsos a la hija de la Canela . Era estupendo , fenomenal que un ser cuya importancia social había sido casi semejante a la de los insectos , fuera causa de encender muchas luces , de tender muchos paños y de poner roncos a sochantres y sacristanes . Esto , a fuerza de ser extraño , rayaba en lo chistoso . No se habló de otra cosa en seis meses . La sorpresa y . . . dígase de una vez , la indignación de aquellas buenas muchedumbres llegaron a su colmo cuando vieron que por el camino adelante venían dos carros cargados con enormes piezas de piedra blanca y fina . ¡ Ah ! En el entendimiento de la Señana se verificaba una espantosa confusión de ideas , un verdadero cataclismo intelectual , un caos , al considerar que aquellas piedras blancas y finas eran el sepulcro de la Nela . Si ante la Señana volara un buey o discurriera su marido , ya no le llamaría la atención .
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