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— Veré tu hermosura ¡ qué felicidad ! — exclamó el ciego con la expresión delirante que era propia de él en ciertos momentos — . Pero si ya la veo ; si la veo dentro de mí , clara como la verdad que proclamo y que me llena todo . . . . — Sí , sí , sí . . . — repitió la Nela con desvarío , espantados los ojos , trémulos los labios — . Yo soy hermosa , soy muy hermosa . — Bendita seas tú . . . — ¡ Y tú ! — añadió ella besándole en la frente — . ¿ Tienes sueño ? — Sí , principio a tener sueño . No he dormido anoche . Estoy tan bien aquí . . . — Duérmete , niño . . . . Principió a cantar como se canta a los niños para que se duerman . Poco después Pablo dormía . La Nela oyó de nuevo la voz de la Trascava , diciéndole : — Hija mía . . . aquí , aquí . - IX - Los Golfines Teodoro Golfín no se aburría en Socartes . El primer día después de su llegada pasó largas horas en el laboratorio con su hermano , y en los siguientes recorrió de un cabo a otro las minas , examinando y admirando las distintas cosas que allí había , que ya pasmaban por la grandeza de las fuerzas naturales , ya por el poder y brío del arte de los hombres . Por las noches , cuando todo callaba en el industrioso Socartes , quedando sólo en actividad los bullidores hornos , el buen doctor que era muy entusiasta músico , se deleitaba oyendo tocar el piano a su cuñada Sofía , esposa de Carlos Golfín y madre de varios chiquillos que se habían muerto . Los dos hermanos se profesaban el más vivo cariño . Nacidos en la clase más humilde , habían luchado solos en edad temprana por salir de la ignorancia y de la pobreza , viéndose a punto de sucumbir diferentes veces ; mas tanto pudo en ellos el impulso de una voluntad heroica , que al fin llegaron jadeantes a la ansiada orilla , dejando atrás las turbias olas en que se agita en constante estado de naufragio el grosero vulgo . Teodoro , que era el mayor , fue médico antes que Carlos ingeniero . Ayudó a éste con todas sus fuerzas mientras el joven lo necesitara , y cuando le vio en camino , tomó el que anhelaba su corazón aventurero , yéndose a América . Allá trabajó juntamente con otros afamados médicos europeos , adquiriendo bien pronto fama y dinero . Hizo un viaje a España , tornó al Nuevo Mundo , vino más tarde para regresar al poco tiempo . En cada una de estas excursiones daba la vuelta a Europa para apropiarse los progresos de la ciencia oftálmica que cultivaba . Era un hombre de facciones bastas , moreno , de fisonomía tan inteligente como sensual , labios gruesos , pelo negro y erizado , mirar centelleante , naturaleza incansable , constitución fuerte , si bien algo gastada por el clima americano . Su cara grande y redonda , su frente huesuda , su melena rebelde , aunque corta , el fuego de sus ojos , sus gruesas manos , habían sido motivo para que dijeran de él : « es un león negro » . En efecto parecía un león , y como el rey de los animales , no dejaba de manifestar a cada momento la estimación en que a sí mismo se tenía .
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