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— Yo estaré en todas partes . . . Pero mi cuartel general será la ramblilla . — ¡ Ah , se me olvidaba ! . . . Vaya Usía a pie , y no lleve linterna . . . — ¡ Maldita la falta que me hacían tampoco esos consejos ! ¿ Si creerás tú que es la primera vez que salgo a campaña ? — Perdone Usía . . . — ¡ Ah ! Otra cosa . No llame Usía a la puerta grande que da a la plazoleta del emparrado , sino a la puertecilla que hay encima del caz . . . — ¿ Encima del caz hay otra puerta ? — ¡ Mira tú una cosa que nunca se me hubiera ocurrido ! — Sí , señor . La puertecilla del caz da al mismísimo dormitorio de los Molineros . . . , y el tío Lucas no entra ni sale nunca por ella . De forma que , aunque volviese de pronto . . . — Comprendo , comprendo . . . ¡ No me aturdas más los oídos ! — Por último : procure Usía escurrir el bulto antes del amanecer . — Ahora amanece a las seis . . . — ¡ Mira otro consejo inútil ! — A las cinco estaré de vuelta en mi casa . . . — Pero bastante hemos hablado ya . . . ¡ Quítate de mi presencia ! — Pues entonces , señor . . . ¡ buena suerte ! — exclamó el Alguacil , alargando lateralmente una mano al Corregidor y mirando al techo al mismo tiempo . El Corregidor puso en aquella mano una peseta , y Garduña desapareció como por ensalmo . — ¡ Por vida de ! . . . ( murmuró el viejo al cabo de un instante ) . Se me ha olvidado decirle a ese bachillero que me trajesen también una baraja ! ¡ Con ella me hubiera entretenido hasta las nueve y media , viendo si me salía aquel solitario ! . . . XV . Despedida en prosa Serían las nueve de aquella misma noche , cuando el tío Lucas y la señá Frasquita , terminadas todas las haciendas del molino y de la casa , se cenaron una fuente de ensalada de escarola , una libreja de carne guisada con tomates , y algunas uvas de las que quedaban en la consabida cesta ; todo ello rociado con un poco de vino y con grandes risotadas a costa del Corregidor : después de lo cual miráronse afablemente los dos esposos , como muy contentos de Dios y de sí mismos , y se dijeron , entre un par de bostezos que revelaban toda la paz y tranquilidad de sus corazones : — Pues , señor , vamos a acostarnos , y mañana será otro día . En aquel momento sonaron dos fuertes y ejecutivos golpes aplicados a la puerta grande del molino . El marido y la mujer se miraron sobresaltados . Era la primera vez que oían llamar a su puerta a semejante hora . — Voy a ver . . . — dijo la intrépida navarra , encaminándose hacia la plazoletilla . — ¡ Quita ! ¡ Eso me toca a mí ! ( exclamó el tío Lucas con tal dignidad , que la señá Frasquita le cedió el paso ) . — ¡ Te he dicho que no salgas ! — añadió luego con dureza , viendo que la obstinada Molinera quería seguirle . Ésta obedeció , y se quedó dentro de la casa . — ¿ Quién es ? — preguntó el tío Lucas desde en medio de la plazoleta . — ¡ La Justicia ! — contestó una voz al otro lado del portón . — ¿ Qué Justicia ? — La del Lugar . — ¡ Abra V . al señor Alcalde !
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