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— Me concederás cuando menos ( exclamó al fin , levantando la cabeza ) el tiempo preciso para ir a la cuadra y aparejar una burra . . . — ¡ Qué burra ni qué demontre ! ( replicó el Alguacil ) . ¡ Cualquiera se anda a pie media legua ! La noche está muy hermosa , y hace luna . . . — Ya he visto que ha salido . . . — Pero yo tengo los pies muy hinchados . . . — Pues entonces no perdamos tiempo . Yo le ayudaré a V . a aparejar la bestia . — ¡ Hola ! ¡ Hola ! ¿ Temes que me escape ? — Yo no temo nada , tío Lucas . . . ( respondió Toñuelo con la frialdad de un desalmado ) . Yo soy la Justicia . Y , hablando así , descansó armas ; con lo que dejó ver el retaco que llevaba debajo del capote . — Pues mira , Toñuelo . . . ( dijo la Molinera ) . Ya que vas a la cuadra . . . a ejercer tu verdadero oficio . . . , hazme el favor de aparejar también la otra burra . — ¿ Para qué ? — interrogó el Molinero . — ¡ Para mí ! — Yo voy con vosotros . — ¡ No puede ser , señá Frasquita ! ( objetó el Alguacil ) . Tengo orden de llevarme a su marido de V . nada más , y de impedir que V . lo siga . — En ello me van « el destino y el pescuezo . » — Así me lo advirtió el señor Juan López . — Conque . . . vamos , tío Lucas . . . Y se dirigió hacia la puerta . — ¡ Cosa más rara ! — dijo a media voz el murciano sin moverse . — ¡ Muy rara ! — contestó la señá Frasquita . — Esto es algo . . . que yo me sé . . . — continuó murmurando el tío Lucas , de modo que no pudiese oírlo Toñuelo . — ¿ Quieres que vaya yo a la ciudad ( cuchicheó la navarra ) , y le dé aviso al Corregidor de lo que nos sucede ? . . . — ¡ No ! ( respondió en alta voz el tío Lucas ) . ¡ Eso no ! — ¿ Pues qué quieres que haga ? — dijo la Molinera con gran ímpetu . — Que me mires . . . — respondió el antiguo soldado . Los dos esposos se miraron en silencio , y quedaron tan satisfechos ambos de la tranquilidad , la resolución y la energía que se comunicaron sus almas , que acabaron por encogerse de hombros y reírse . Después de esto , el tío Lucas encendió otro candil y se dirigió a la cuadra , diciendo al paso a Toñuelo con socarronería : — ¡ Vaya , hombre ! ¡ Ven y ayúdame . . . supuesto que eres tan amable ! Toñuelo lo siguió , canturriando una copla entre dientes . Pocos minutos después , el tío Lucas salía del molino , caballero en una hermosa jumenta y seguido del Alguacil . La despedida de los esposos se había reducido a lo siguiente : — Cierra bien . . . — dijo el tío Lucas . — Embózate , que hace fresco . . . — dijo la señá Frasquita , cerrando con llave , tranca y cerrojo . Y no hubo más adiós , ni más beso , ni más abrazo , ni más mirada . ¿ Para qué ? XVI . Un ave de mal agüero Sigamos por nuestra parte al tío Lucas . Ya habían andado un cuarto de legua sin hablar palabra , el Molinero subido en la borrica , y el Alguacil arreándola con su bastón de autoridad , cuando divisaron delante de sí , en lo alto de un repecho que hacía el camino , la sombra de un enorme pajarraco que se dirigía hacia ellos . Aquella sombra se destacó enérgicamente sobre el cielo , esclarecido por la luna , dibujándose en él con tanta precisión , que el Molinero exclamó en el acto :
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