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XIX . Voces clamantes in deserto ¡ Alcaldes a mí , que soy de Archena ! ( iba diciéndose el murciano ) . ¡ Mañana por la mañana pasaré a ver al señor Obispo , como medida preventiva , y le contaré todo lo que me ha ocurrido esta noche ! — ¡ Llamarme con tanta prisa y reserva , a hora tan desusada ; decirme que venga solo ; hablarme del servicio del rey , y de moneda falsa , y de brujas , y de duendes , para echarme luego dos vasos de vino y mandarme a dormir ! . . . ¡ La cosa no puede ser más clara ! Garduña trajo al Lugar esas instrucciones de parte del Corregidor , y esta es la hora en que el Corregidor estará ya en campaña contra mi mujer . . . ¡ Quién sabe si me lo encontraré llamando a la puerta del molino ! ¡ Quién sabe si me lo encontraré ya dentro ! . . . — ¡ Quién sabe ! . . . — Pero ¿ qué voy a decir ? ¡ Dudar de mi navarra ! . . . ¡ Oh , esto es ofender a Dios ! ¡ Imposible que ella ! . . . ¡ Imposible que mi Frasquita ! . . . ¡ Imposible ! . . . — Mas ¿ qué estoy diciendo ? ¿ Acaso hay algo imposible en el mundo ? ¿ No se casó conmigo , siendo ella tan hermosa y yo tan feo ? Y , al hacer esta última reflexión , el pobre jorobado se echó a llorar . . . Entonces paró la burra para serenarse ; se enjugó las lágrimas : suspiró hondamente ; sacó los avíos de fumar ; picó y lió un cigarro de tabaco negro ; empuñó luego pedernal , yesca y eslabón , y , al cabo de algunos golpes , consiguió encender candela . En aquel mismo momento sintió rumor de pasos hacia el camino , — que distaría de allí unas trescientas varas . — ¡ Qué imprudente soy ! ( dijo ) . ¡ Si me andará ya buscando la Justicia , y yo me habré vendido al echar estas yescas ! Escondió , pues , la lumbre , y se apeó , ocultándose detrás de la borrica . Pero la borrica entendió las cosas de diferente modo , y lanzó un rebuzno de satisfacción . — ¡ Maldita seas ! — exclamó el tío Lucas , tratando de cerrarle la boca con las manos . Al propio tiempo resonó otro rebuzno en el camino , por vía de galante respuesta . — ¡ Estamos aviados ! ( prosiguió pensando el molinero ) . ¡ Bien dice el refrán : el mayor mal de los males es tratar con animales ! Y , así discurriendo , volvió a montar , arreó la bestia y salió disparado en dirección contraria al sitio en que había sonado el segundo rebuzno . Y lo más particular fue que la persona que iba en el jumento interlocutor , debió de asustarse del tío Lucas tanto como el tío Lucas se había asustado de ella . Lo digo , porque apartose también del camino , recelando sin duda que fuese un alguacil o un malhechor pagado por D . Eugenio , y salió a escape por los sembrados de la otra banda . El murciano , entretanto , continuó cavilando de este modo : — ¡ Qué noche ! ¡ Qué mundo ! ¡ Qué vida la mía desde hace una hora ! ¡ Alguaciles metidos a alcahuetes ; alcaldes que conspiran contra mi honra ; burros que rebuznan cuando no es menester ; y aquí , en mi pecho , un miserable corazón que se ha atrevido a dudar de la mujer más noble que Dios ha criado ! — ¡ Oh ! ¡ Dios mío , Dios mío ! ¡ Haz que llegue pronto a mi casa y que encuentre allí a mi Frasquita ! Siguió caminando el tío Lucas , atravesando siembras y matorrales , hasta que al fin , a eso de las once de la noche , llegó sin novedad a la puerta grande del molino . . . ¡ Condenación ! ¡ La puerta del molino estaba abierta !
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