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Así discurrió el tío Lucas , tal vez sin darse cuenta de ello puntualmente , y , en virtud de semejante discurso , colocó el arma en su sitio , y principió a pasearse con los brazos atrás y la cabeza baja , como buscando su venganza en el suelo , en la tierra , en las ruindades de la vida , en alguna bufonada ignominiosa y ridícula para su mujer y para el Corregidor , lejos de buscar aquella misma venganza en la justicia , en el desafío , en el perdón , en el cielo . . . , como hubiera hecho en su lugar cualquier otro hombre de condición menos rebelde que la suya a toda imposición de la naturaleza , de la sociedad o de sus propios sentimientos . De repente , paráronse sus ojos en la vestimenta del Corregidor . . . Luego se paró él mismo . . . Después fue demostrando poco a poco en su semblante una alegría , un gozo , un triunfo indefinibles . . . ; hasta que , por último , se echó a reír de una manera formidable . . . , esto es , a grandes carcajadas , pero sin hacer ningún ruido ( a fin de que no lo oyesen desde arriba ) , metiéndose los puños por los ijares para no reventar , estremeciéndose todo como un epiléptico , y teniendo que concluir por dejarse caer en una silla hasta que le pasó aquella convulsión de sarcástico regocijo . — Era la propia risa de Mefistófeles . No bien se sosegó , principió a desnudarse con una celeridad febril ; colocó toda su ropa en las mismas sillas que ocupaba la del Corregidor ; púsose cuantas prendas pertenecían a éste , desde los zapatos de hebilla hasta el sombrero de tres picos ; ciñose el espadín ; embozose en la capa de grana ; cogió el bastón y los guantes , y salió del molino y se encaminó a la Ciudad , balanceándose de la propia manera que solía D . Eugenio de Zúñiga , y diciéndose de vez en cuando esta frase , que compendiaba su pensamiento : ¡ También la Corregidora es guapa ! XXI . ¡ En guardia , caballero ! Abandonemos por ahora al tío Lucas , y enterémonos de lo que había ocurrido en el molino desde que dejamos allí sola a la señá Frasquita hasta que su esposo volvió a él y se encontró con tan estupendas novedades . Una hora habría pasado después que el tío Lucas se marchó con Toñuelo , cuando la afligida navarra , que se había propuesto no acostarse hasta que regresara su marido , y que estaba haciendo calceta en su dormitorio , situado en el piso de arriba , oyó lastimeros gritos fuera de la casa , hacia el paraje , allí muy próximo , por donde corría el agua del caz . — ¡ Socorro , que me ahogo ! ¡ Frasquita ! ¡ Frasquita ! . . . — exclamaba una voz de hombre , con el lúgubre acento de la desesperación . — ¿ Si será Lucas ? — pensó la navarra , llena de un terror que no necesitamos describir . En el mismo dormitorio había una puertecilla , de que ya nos habló Garduña , y que daba efectivamente sobre la parte alta del caz . — Abriola sin vacilación la señá Frasquita , por más que no hubiera reconocido la voz que pedía auxilio , y encontrose de manos a boca con el Corregidor , que en aquel momento salía todo chorreando de la impetuosísima acequia . . . — ¡ Dios me perdone ! ¡ Dios me perdone ! ( balbuceaba el infame viejo ) . — ¡ Creí que me ahogaba !
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