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— ¡ Presente ! ( respondió al cabo el Alguacil , apareciendo detrás de un seto ) . — ¿ Es V . , señá Frasquita ? — Sí , soy yo . — ¡ Ve al molino , y socorre a tu amo , que se está muriendo ! . . . — ¿ Qué dice V . ? — ¡ Vaya un maula ! — Lo que oyes , Garduña . . . — ¿ Y V . , alma mía ? ¿ Adónde va a estas horas ? — ¿ Yo ? . . . — ¡ Quita allá , badulaque ! — Yo voy . . . ¡ a la Ciudad por un médico ! — contestó la señá Frasquita , arreando la burra con un talonazo y a Garduña con un puntapié . Y tomó . . . , no el camino de la Ciudad , como acababa de decir , sino el del Lugar inmediato . Garduña no reparó en esta última circunstancia ; pues iba ya dando zancajadas hacia el molino y discurriendo al par de esta manera : — ¡ Va por un médico ! . . . ¡ La infeliz no puede hacer más ! — ¡ Pero él es un pobre hombre ! — ¡ Famosa ocasión de ponerse malo ! . . . ¡ Dios le da confites a quien no puede roerlos ! XXII . Garduña se multiplica Cuando Garduña llegó al molino , el Corregidor principiaba a volver en sí , procurando levantarse del suelo . En el suelo también , y a su lado , estaba el velón encendido que bajó Su Señoría del dormitorio . — ¿ Se ha marchado ya ? — fue la primera frase de D . Eugenio . — ¿ Quién ? — ¡ El demonio ! . . . Quiero decir , la Molinera . . . . — Sí , señor . . . Ya se ha marchado . . . , y no creo que iba de muy buen humor . . . — ¡ Ay , Garduña ! Me estoy muriendo . . . . — Pero ¿ qué tiene Usía ? — ¡ Por vida de los hombres ! . . . Me he caído en el caz , y estoy hecho una sopa . . . . ¡ Los huesos se me parten de frío ! — ¡ Toma , toma ! ¡ ahora salimos con eso ! — ¡ Garduña ! . . . ¡ ve lo que te dices ! . . . — Yo no digo nada , señor . . . . — Pues bien : sácame de este apuro . . . . — Voy volando . . . . ¡ Verá Usía qué pronto lo arreglo todo ! Así dijo el Alguacil , y , en un periquete , cogió la luz con una mano , y con la otra se metió al Corregidor debajo del brazo ; subiolo al dormitorio ; púsolo en cueros ; acostolo en la cama ; corrió al jaraiz ; reunió un brazado de leña ; fue a la cocina ; hizo una gran lumbre ; bajó todas las ropas de su amo ; colocolas en los espaldares de dos o tres sillas ; encendió un candil ; lo colgó de la espetera , y tornó a subir a la cámara . — ¿ Qué tal vamos ? — preguntole entonces a D . Eugenio , levantando en alto el velón para verle mejor el rostro . — ¡ Admirablemente ! ¡ Conozco que voy a sudar ! — ¡ Mañana te ahorco , Garduña ! — ¿ Por qué , señor ? — ¿ Y te atreves a preguntármelo ? ¿ Crees tú que , al seguir el plan que me trazaste , esperaba yo acostarme solo en esta cama , después de recibir por segunda vez el sacramento del bautismo ? — ¡ Mañana mismo te ahorco ! — Pero cuénteme Usía algo . . . — ¿ La señá Frasquita ? . . . — La señá Frasquita ha querido asesinarme . ¡ Es todo lo que he logrado con tus consejos ! — Te digo que te ahorco mañana por la mañana . — ¡ Algo menos será , señor Corregidor ! — repuso el Alguacil . — ¿ Por qué lo dices , insolente ? ¿ Porque me ves aquí postrado ? — No , señor . Lo digo , porque la señá Frasquita no ha debido de mostrarse tan inhumana como Usía cuenta , cuando ha ido a la Ciudad a buscarle un médico . . . .
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