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XXXI . La pena del talión ¡ Mercedes ! ( exclamó el Corregidor al comparecer delante de su esposa ) . Necesito saber inmediatamente . . . . — ¡ Hola , tío Lucas ! ¿ V . por aquí ? ( dijo la Corregidora , interrumpiéndole ) . — ¿ Ocurre alguna desgracia en el molino ? — ¡ Señora ! ¡ no estoy para chanzas ! ( repuso el Corregidor hecho una fiera ) . — Antes de entrar en explicaciones por mi parte , necesito saber qué ha sido de mi honor . . . . — ¡ Esa no es cuenta mía ! ¿ Acaso me lo ha dejado V . a mí en depósito ? — Sí , Señora . . . . ¡ A V . ! ( replicó D . Eugenio ) . — ¡ Las mujeres son depositarias del honor de sus maridos ! — Pues entonces , mi querido tío Lucas , pregúntele V . a su mujer . . . . — Precisamente nos está escuchando . La señá Frasquita , que se había quedado a la puerta del salón , lanzó una especie de rugido . — Pase V . , señora , y siéntese . . . — añadió la Corregidora , dirigiéndose a la Molinera con dignidad soberana . Y , por su parte , encaminose al sofá . La generosa navarra supo comprender desde luego toda la grandeza de la actitud de aquella esposa injuriada . . . , e injuriada acaso doblemente . . . . Así es que , alzándose en el acto a igual altura , dominó sus naturales ímpetus , y guardó un silencio decoroso . — Esto sin contar con que la señá Frasquita , segura de su inocencia y de su fuerza , no tenía prisa de defenderse . — Teníala , sí , de acusar ; y mucha . . . ; pero no ciertamente a la Corregidora . — ¡ Con quien ella deseaba ajustar cuentas era con el tío Lucas . . . , y el tío Lucas no estaba allí ! — Señá Frasquita . . . ( repitió la noble dama , al ver que la Molinera no se había movido de su sitio ) : — le he dicho a V . que puede pasar y sentarse . Esta segunda indicación fue hecha con voz más afectuosa y sentida que la primera . . . . — Dijérase que la Corregidora había adivinado también por instinto , al fijarse en el reposado continente y en la varonil hermosura de aquella mujer , que no iba a habérselas con un ser bajo y despreciable , sino quizá más bien con otra infortunada como ella ; — ¡ infortunada , sí , por el solo hecho de haber conocido al Corregidor ! Cruzaron , pues , sendas miradas de paz y de indulgencia aquellas dos mujeres que se consideraban dos veces rivales , y notaron con gran sorpresa que sus almas se aplacieron la una en la otra , como dos hermanos que se reconocen . No de otro modo se divisan y saludan a lo lejos las castas nieves de las encumbradas montañas . Saboreando estas dulces emociones , la Molinera entró majestuosamente en el salón , y se sentó en el filo de una silla . A su paso por el molino , previendo que en la Ciudad tendría que hacer visitas de importancia , se había arreglado un poco y puéstose una mantilla de franela negra , con grandes felpones , que le sentaba divinamente . — Parecía toda una señora . Por lo que toca al Corregidor , dicho se está que había guardado silencio durante aquel episodio . — El rugido de la señá Frasquita y su aparición en la escena no habían podido menos de sobresaltarlo . — ¡ Aquella mujer le causaba ya más terror que la suya propia ! — Conque vamos , tío Lucas . . . ( prosiguió Doña Mercedes , dirigiéndose a su marido ) . Ahí tiene V . a la señá Frasquita . . . . ¡ Puede V . volver a formular su demanda ! ¡ Puede V . preguntarle aquello de su honra !
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