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Y este juicio de Abel llegó a oídos del juzgado , de Joaquín , y le sumió más en sus cavilaciones . « Qué pensará en realidad de mí ? » , se decía . — « Será cierto que me tiene así , por un alma de fuego , tormentosa ? Será cierto que me reconoce víctima del capricho de la suerte ? » Llegó en esto a algo de que tuvo que avergonzarse hondamente , y fué que , recibida en su casa una criada que había servido en la de Abel , la requirió de ambiguas familiaridades aun sin comprometerse , no más que para inquirir de ella lo que en la otra casa hubiera oído decir de él . — Pero , vamos , dime , es que no les oíste nunca nada de mí ? — Nada , señorito , nada . — Pero no hablaban alguna vez de mí ? — Como hablar , sí , creo que sí , pero no decían nada . — Nada , nunca nada ? — Yo no les oía hablar . En la mesa , mientras yo les servía , hablaban poco y cosas de esas de que se habla en la mesa . De los cuadros de él . . . — Lo comprendo . Pero nada , nunca nada de mí ? — No me acuerdo . Y al separarse de la criada sintió Joaquín entrañada aversión a sí mismo . « Me estoy idiotizando — se dijo . — Qué pensará de mí esta muchacha ! » Y tanto le acongojó esto que hizo que con un pretexto cualquiera se le despachase a aquella criada . « Y si ahora va — se dijo luego — y vuelve a servir a Abel y le cuenta esto ? » Por lo que estuvo a punto de pedir a su mujer que volviera a llamarla . Mas no se atrevió . E iba siempre temblando de encontrarla por la calle . XIV Llegó el día del banquete . Joaquín no durmió la noche de la víspera . — Voy a la batalla , Antonia — le dijo a su mujer al salir de casa . — Que Dios te ilumine y te guíe , Joaquín . — Quiero ver a la niña , a la pobre Joaquinita . . . — Sí , ven , mírala . . . está dormida . . . — Pobrecilla ! No sabe lo que es el demonio ! Pero yo te juro , Antonia , que sabré arrancármelo . Me lo arrancaré , lo estrangularé y lo echaré a los pies de Abel . Le daría un beso si no fuese que temo despertarla . . . - - - No , no ! Bésala ! Inclinóse el padre y besó a la niña dormida , que sonrió al sentirse besada en sueños . — Ves , Joaquín , también ella te bendice . — Adiós , mujer ! — Y le dió un beso largo , muy largo . Ella se fué a rezar ante la imagen de la Virgen . Corría una maliciosa expectación por debajo de las conversaciones mantenidas durante el banquete . Joaquín , sentado a la derecha de Abel , e intensamente pálido , apenas comía ni hablaba . Abel mismo empezó a temer algo . A los postres se oyeron siseos , empezó a cuajar el silencio , y alguien dijo : « Que hable ! » Levantóse Joaquín . Su voz empezó temblona y sorda , pero pronto se aclaró y vibraba con un acento nuevo . No se oía más que su voz , que llenaba el silencio . El asombro era general . Jamás se había pronunciado un elogio más férvido , más encendido , más lleno de admiración y de cariño a la obra y a su autor . Sintieron muchos asomárseles las lágrimas cuando Joaquín evocó aquellos días de su común infancia con Abel , cuando ni uno ni otro soñaban lo que habrían de ser .
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