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— Mentira , Antonia ; te digo que eso es mentira . Las más de las que van monjas o van a trabajar poco , a pasar una vida pobre , pero descansada , a sestear místicamente o van huyendo de casa , y nuestra hija huye de casa , huye de nosotros . . . — Será de ti . . . — Sí , huye de mí ! Me ha adivinado ! — Y ahora que le has cobrado ese apego a ese . . . — Quieres decirme que huye de él ? — No sino de tu nuevo capricho . . . — Capricho ? capricho ? capricho dices ? Yo seré todo menos caprichoso , Antonia . Yo tomo todo en serio , todo , lo entiendes ? — Sí , demasiado en serio — agregó la mujer llorando . — Vamos , no llores así , Antonia , mi santa , mi ángel bueno , y perdóname si he dicho algo . . . — No es peor lo que dices , sino lo que callas . — Pero , por Dios , Antonia , por Dios , haz que nuestra hija no nos deje ; que si se va al convento , me mata , sí , me mata , porque me mata ! Que se quede . . . que yo haré lo que ella quiera . . . que si quiere que le despache a Abelín , le despacharé . . . — Me acuerdo cuando decías que te alegrabas de que no tuviéramos más que una hija , porque así no teníamos que repartir el cariño . . . — Pero si no lo reparto ! — Algo peor entonces . . . — Sí , Antonia , esa hija quiere sacrificarse por mí , y no sabe que si se va al convento me deja desesperado . Su convento es esta casa ! XXVII Dos días después encerrábase en el gabinete Joaquín con su mujer y su hija . — Papá , Dios lo quiere ! — exclamó resueltamente y mirándole cara a cara su hija Joaquina . — Pues , no ! No es Dios quien lo quiere , sino el padrecito ese — replicó él . — Qué sabes tú , mocosuela , lo que quiere Dios ? Cuándo te has comunicado con él ? — Comulgo cada semana , papá . — Y se te antojan revelaciones de Dios los desvanecimientos que te suben del estómago en ayunas . — Peores son los del corazón en ayunas . — No , no , eso no puede ser ; eso no lo quiere Dios , no puede quererlo , te digo que no lo puede querer ! — Yo no sé lo que Dios quiere , y tú , padre , sabes lo que no puede querer , eh ? De cosas del cuerpo sabrás mucho , pero de cosas de Dios , del alma . . . — Del alma , eh ? Con que tú crees que no sé del alma ? — Acaso lo que mejor te sería no saber . — Me acusas ? — No , eres tú , papá , quien se acusa a sí mismo . — Lo ves , Antonia , lo ves , no te lo decía ? — Y qué te decía , mamá ? — Nada , hija mía , nada ; aprensiones , cavilaciones de tu padre . . . — Pues bueno — exclamó Joaquín como quien se decide , — tú vas al convento para salvarme , no es eso ? — Acaso no andes lejos de la verdad . — Y salvarme de qué ? — No lo sé bien . — Lo sabré yo . . . ! De qué ? de quién ? — De quién , padre , de quién ? Pues del demonio o de ti mismo . — Y tú qué sabes ? — Por Dios , Joaquín , por Dios — suplicó la madre con lágrimas en la voz , llena de miedo ante la mirada y el tono de su marido .
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