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Iba a cantarse una misa con acompañamiento de orquesta y de voces : algo extraordinario , como la ópera , del Teatro de San Fernando cuando llegaban las Pascuas . Luego entonarían los sacerdotes el Te Deum en acción de gracias por la salvación del señor Juan Gallardo , lo mismo que cuando el rey entraba en Sevilla . Se presentó la comitiva abriéndose paso en el gentío . La madre y la esposa del torero , entre parientas y amigas , marchaban al frente , haciendo crujir a su paso la gruesa seda de las faldas negras y sonriendo dulcemente bajo sus mantillas . Detrás venía Gallardo , seguido de una escolta interminable de toreros y amigos , todos vestidos de colores claros , con cadenas y sortijas de escandaloso brillo , llevando en las cabezas fieltros blancos , que contrastaban con la negrura de los trajes femeninos . Gallardo mostrábase grave . Era un buen creyente . Se acordaba poco de Dios y blasfemaba de él en los momentos difíciles , con el automatismo de la costumbre ; pero ahora era otra cosa : iba a darle gracias a la Santísima Macarena , y penetró en el templo con aire compungido . Todos entraron , menos el Nacional , que abandonó a su mujer y a la prole , quedándose en la plazoleta . — Yo soy librepensaor — creyó del caso afirmar ante un grupo de amigos — . Yo respeto toas las creencias ; pero lo de ahí dentro , pa mí , es . . . « líquido » . No quiero faltarle a la Macarena ni quitarle lo suyo ; pero camará , ¡ si mangue no acude a tiempo a llevarse al toro cuando Juaniyo estaba en el suelo . . . ! Por las puertas abiertas llegaban hasta la plaza los gemidos de los instrumentos , las voces de los cantores , una melodía dulzona y voluptuosa acompañada de las bocanadas de perfume de las flores y el olor de la cera . Fumaron cigarro tras cigarro los toreros y aficionados que se agrupaban fuera del templo . De vez en cuando se desprendían algunos para ir a entretener la espera en la taberna más cercana . Cuando volvió a salir la comitiva , los pobres se abalanzaron , riñendo y manoteando bajo los puñados de monedas . Para todos había . El maestro Gallardo era rumboso . La señora Angustias lloraba , con la cabeza apoyada en el hombro de una amiga . En la puerta de la iglesia apareció el espada , sonriente y magnífico , dando el brazo a su mujer , que iba trémula de emoción y bajaba los ojos , temblándole una lágrima entre sus pestañas . Carmen creyó que acababa de casarse por segunda vez . VII Al llegar Semana Santa , Gallardo dio una gran alegría a su madre . En años anteriores salía el espada en la procesión de la parroquia de San Lorenzo , como devoto de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder , vistiendo túnica negra de alta caperuza con una máscara que sólo dejaba visible los ojos . Era la cofradía de los señores , y el torero , al verse camino de la fortuna , ingresó en ella , huyendo de las cofradías populares , en las que la devoción iba acompañada de embriaguez y escándalo .
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