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Y cuando llegó el peligroso parto repitió Gertrudis las abnegaciones que en los partos de su hermana tuviera , y recojió al niño , una criatura menguada y debilísima , y fué quien lo enmantilló y quien se lo presentó a su padre . — Aquí le tienes , hombre , aquí le tienes . — ¡ Pobre criatura ! — exclamó Ramiro sintiendo que se le derretían de lástima las entrañas a la vista de aquel mezquino rollo de carne viviente y sufriente . — Pues es tu hijo , un hijo más . . . Es un hijo más que nos llega . — ¿ Nos llega ? ¿ También a ti ? — Sí , también a mí ; no he de ser madrasta para él , yo que hago que no lo tengan los otros . Y así fué que no hizo distinción entre uno y otros . — Eres una santa , Gertrudis — le decía Ramiro — , pero una santa que ha hecho pecadores . — No digas eso ; soy una pecadora que me esfuerzo por hacer santos , santos a tus hijos y a ti y a tu mujer . — ¡ Mi mujer ! . . . — Tu mujer , sí ; la madre de tu hijo . ¿ Por qué le tratas con ese cariñoso despego y como a una carga ? — ¿ Y qué quieres que haga , que me enamore de ella ? — ¿ Pero no lo estabas cuando la sedujiste ? — ¿ De quién ? ¿ De ella ? — Ya lo sé , ya sé que no ; pero lo merece la pobre . . . — ¡ Pero si es la menor cantidad de mujer posible , si no es nada ! — No , hombre , no ; es más , es mucho más de lo que tú te crees . Aun no la has conocido . — Si es una esclava . . . — Puede ser , pero debes libertarla . . . La pobre está asustada . . . nació asustada . . . Te aprovechaste de su susto . . . — No sé , no sé cómo fué aquello . . . — Así sois los hombres ; no sabéis lo que hacéis ni pensáis en ello . Hacéis las cosas sin pensarlas . . . — Peor es muchas veces pensarlas y no hacerlas . . . — ¿ Por qué lo dices ? — No , nada , por nada . . . — ¿ Tú crees sin duda que yo no hago más que pensar ? — No , no he dicho que crea eso . . . — Sí , tú crees que yo no soy más que pensamiento . XV De nuevo la pobre Manuela , la hospiciana , la esclava , hallábase preñada . Y Ramiro muy malhumorado con ello . — Como si uno no tuviese bastante con los otros . . . — decía . — ¡ Y yo qué quieres que le haga ! — exclamaba la víctima . — Después de todo , tú lo has querido así — concluía Gertrudis . Y luego , aparte , volvía a reprenderle por el trato de compasivo despego que daba a su mujer . La cual soportaba esta preñez aún peor que la otra . — Me temo por la pobre muchacha — vaticinó don Juan , el médico , un viudo que menudeaba sus visitas . — ¿ Cree usted que corre peligro ? — le preguntó Gertrudis . — Esta pobre chica está deshecha por dentro ; es una tísica consumada y consumida . Resistirá , es lo más probable , hasta dar a luz , pues la Naturaleza , que es muy sabia . . . — ¡ La Naturaleza no ! La Santísima Virgen Madre , don Juan — le interrumpió Gertrudis . — Como usted quiera ; me rindo , como siempre , a su superior parecer . Pues , como decía , la Naturaleza o la Virgen , que para mí es lo mismo . . . — No , la Virgen es la Gracia . . .
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