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XXII La tía Tula no podía ya más con su cuerpo . El alma le revoloteaba dentro de él , como un pájaro en una jaula que se desvencija , a la que deja con el dolor de quien le desollaran , pero ansiando volar por encima de las nubes . No llegaría a ver al nieto . ¿ Lo sentía ? « Allá arriba , estando con ellos — soñaba — sabré cómo es , y si es niño o niña . . . o los dos . . . y lo sabré mejor que aquí , pues desde allí arriba se ve mejor y más limpio lo de aquí abajo . » La última fiebre teníala postrada en cama . Apenas si distinguía a sus sobrinos más que por el paso , sobre todo a Caridad y a Manolita . El paso de aquélla , de Caridad , llegábale como el de una criatura cargada de fruto y hasta le parecía oler a sazón de madurez . Y el de Manolita era tan leve como el de un pajarito que no se sabe si corre o vuela a ras de tierra . « Cuando ella entra — se decía la tía — siento rumor de alas caídas y quietas . » Quiso despedirse primero de ésta , a solas , y aprovechó un momento en que vino a traerle la medicina . Sacó el brazo de la cama , lo alargó como para bendecirla , y poniéndole la mano sobre la cabeza , que ella inclinó con los claros ojos empañados , le dijo : — ¿ Qué , palomita sin hiel , quieres todavía morirte . . . ? ¡ La verdad ! — Si con ello consiguiera . . . — Que yo no me muera , ¿ eh ? No , no debes querer morirte . . . tienes a tu hermano , a tus hermanos . . . Estuviste cerca de ello , pero me parece que la prueba te curó de esas cosas . . . ¿ No es así ? Dímelo como en confesión , que voy a contárselo a los nuestros . . . — Sí , ya no se me ocurren aquellas tonterías . . . — ¿ Tonterías ? No , no eran tonterías . ¡ Ah ! , y ahora que dices eso de tonterías , tráeme tu muñeca , porque la guardas , ¿ no es así ? Si , sé que la guardas . . . Tráeme aquella muñeca , ¿ sabes ? Quiero despedirme de ella también y que se despida de mí . . . ¿ Te acuerdas ? Vamos , ¿ a que no te acuerdas ? — Sí , madre , me acuerdo . — ¿ De qué te acuerdas ? — De cuando se me cayó en aquel patín de la huerta y Elvira me llamaba tonta porque lloraba tanto y me decía que de nada sirve llorar . . . — Eso . . . eso . . . ¿ y qué más ? ¿ Te acuerdas de más ? — Sí , del cuento que nos contaste entonces . . . — ¿ A ver , qué cuento ? — De la niña que se le cayó la muñeca en un pozo seco adonde no podía bajar a sacarla y se puso a llorar , a llorar , a llorar , y lloró tanto que se llenó el pozo con sus lágrimas y salió flotando en ellas la muñeca . . . — ¿ Y qué dijo Elvirita a eso ? ¿ Qué dijo ? Que no me acuerdo . . . — Sí , sí se acuerda , madre . . . — Bueno , ¿ pues qué dijo ? — Dijo que la niña se quedaría seca y muerta de haber llorado tanto . . . — ¿ Y yo qué dije ? — Por Dios , madre . . . — Bueno , no lo digas , pero no llores así , palomita , no llores así . . . que por mucho que llores no se llenará con tus lágrimas el pozo en que voy cayendo y no saldré flotando . . . — Si pudiera ser . . . — ¡ Ah , sí ! Si pudiera ser yo saldría a cojerte y llevarte conmigo . . . Pero hay que esperar la hora . Y cuida de tus hermanos . Te los entrego a ti , ¿ sabes ? a ti . Haz que no se den cuenta de que me he muerto . — Haré todo lo que pueda . . . — Y yo te ayudaré desde arriba .
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