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VI Venía ya el tercer hijo al matrimonio . Rosa empezaba a quejarse de su fecundidad . « Vamos a cargarnos de hijos » — decía . A lo que su hermana : « ¿ Pues para qué os habéis casado ? » El embarazo fué molestísimo para la madre y tenía que descuidar más que antes a sus otros hijos , que así quedaban al cuidado de su tía , encantada de que se los dejasen . Y hasta consiguió llevárselos más de un día a su casa , a su solitario hogar de soltera , donde vivía con la vieja criada que fué de don Primitivo , y donde los retenía . Y los pequeñuelos se apegaban con ciego cariño a aquella mujer severa y grave . Ramiro , malhumorado antes en los últimos meses de los embarazos de su mujer , malhumor que desasosegaba a Gertrudis , ahora lo estaba más . — ¡ Qué pesado y molesto es esto ! — decía . — ¿ Para ti ? — le preguntaba su cuñada sin levantar los ojos del sobrino o sobrina que de seguro tenía en el regazo . — Para mí , sí . Vivo en perpetuo sobresalto , temiéndolo todo . — ¡ Bah ! no será al fin nada . La Naturaleza es sabia . — Pero tantas veces va el cántaro a la fuente . . . — ¡ Ay , hijo , todo tiene sus riesgos y todo estado sus contrariedades ! Ramiro se sobrecojía al oirse llamar hijo por su cuñada , que rehuía darle su nombre , mientras él en cambio se complacía en llamarla por el familiar Tula . — ¡ Qué bien has hecho en no casarte , Tula ! — ¿ De veras ? — y levantando los ojos se los clavó en los suyos . — De veras , sí . Todo son trabajos y aun peligros . . . — ¿ Y sabes tú acaso si no me he de casar todavía ? — Claro . ¡ Lo que es por la edad ! — ¿ Pues por qué ha de quedar ? — Como no te veo con afición a ello . . . — ¿ Afición a casarse ? ¿ Qué es eso ? — Bueno ; es que . . . — Es que no me ves buscar novio , ¿ no es eso ? — No , no es eso . — Sí , eso es . — Si tú los aceptaras , de seguro que no te habrán faltado . . . — Pero yo no puedo buscarlos . No soy hombre , y la mujer tiene que esperar y ser elegida . Y yo , la verdad , me gusta elegir , pero no ser elegida . — ¿ Qué es eso de que estáis hablando ? — dijo Rosa acercándose y dejándose caer abatida en un sillón . — Nada , discreteos de tu marido sobre las ventajas e inconvenientes del matrimonio . — ¡ No hables de eso , Ramiro ! Vosotros los hombres apenas sabéis de eso . Somos nosotras las que nos casamos , no vosotros . — ¡ Pero , mujer ! — Anda , ven , sosténme , que apenas puedo tenerme en pie . Voy a echarme . Adiós , Tula . Ahí te los dejo . Acercóse a ella su marido ; le tomó del brazo con sus dos manos y se incorporó y levantó trabajosamente ; luego , tendiéndole un brazo por el hombro , doblando su cabeza hasta casi darle en éste con ella y cojiéndole con la otra mano , con la diestra , de su diestra , se fué lentamente , así apoyada en él y gimoteando . Gertrudis , teniendo a cada uno de sus sobrinos en sus rodillas , se quedó mirando la marcha trabajosa de su hermana , colgada de su marido como una enredadera de su rodrigón . Llenáronsele los grandes ojazos , aquellos ojos de luto , serenamente graves , gravemente serenos , de lágrimas , y apretando a su seno a los dos pequeños , apretó sus mejillas a cada una de las de ellos . Y el pequeñito , Ramirín , al ver llorar a su tía , a tita Tula , se echó a llorar también . — Vamos , no llores ; vamos a jugar .
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