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He visto rodar la bola y no se quiere parar ; al fin de tanto rodar me he decidido a venir a ver si puedo vivir y me dejan trabajar . Sé dirigir la mansera y tambien echar un pial ; sé correr en un rodeo , trabajar en un corral ; me se sentar en un pértigo lo mesmo que en un bagual . Y enpriéstenmé su atención si ansí me quieren honrar de no , tendré que callar , pues el pájaro cantor jamás se para de cantar en árbol que no da flor . Hay trapitos que golpiar y de aquí no me levanto ; si quieren que desembuche : tengo que decirles tanto que les mando que me escuchen . Déjenmé tomar un trago : estas son otras cuarenta mi garganta esta sedienta , y de esto no me abochorno , pues el viejo , como el horno , por la boca se calienta . II Triste suena mi guitarra y el sunto lo requiere ; ninguno alegrías espere sino sentidos lamentos de aquel que en duros tormentos nace , crece , vive y muere . Es triste dejar sus pagos y largarse a tierra ajena llevándose la alma llena de tormentos y dolores ; mas nos llevan los rigores como el pampero a la arena . Irse a cruzar el desierto lo mesmo que un forajido , dejando aquí en el olvido , como dejamos nosotros , su mujer en brazos de otro y sus hijitos perdidos . ¡ Cuantas veces al cruzar en esa inmensa llanura , al verse en tal desventura y tan lejos de los suyos , se tira uno entre los yuyos a llorar con amargura ! En la orilla de un arroyo solitario lo pasaba , en mil cosas cavilaba y , a una güelta repentina , se me hacía ver a mi china o escuchar que me llamaba . Y las aguas serenitas bebe el pingo trago a trago , mientras sin ningún halago pasa uno hasta sin comer , por pensar en su mujer , en sus hijos y en su pago . Recordarán que con Cruz para el desierto tiramos en la pampa nos entramos , cayendo , por fin del viaje , a unos toldos de salvajes , los primeros que encontramos . La desgracia nos seguía : llegamos en mal momento ; estaban de parlamento tratando de una invasión y el indio en tal ocasión recela hasta de su aliento . Se armó un tremendo alboroto cuando nos vieron llegar ; no podiamos aplacar tan peligroso hervidero ; nos tomaron por bomberos y nos quisieron lanciar . Nos quitaron los caballos a los muy pocos minutos ; estaban irresolutos ; ¡ quién sabe qué pretendían ! Por los ojos nos metían las lanzas aquellos brutos . Y déle en su lengüeteo hacer gestos y cabriolas ; uno desató las bolas y se nos vino enseguida ; ya no créiamos con vida salvar ni por carambola . Alla no hay misericordia ni esperanza que tener ; el indio es de parecer que siempre matar se debe , pues la sangre que no bebe le gusta verla correr .
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