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— ¡ Diantre de colegial , ingrato , desaborido , mostrenco ! Ya imaginaba yo que no venías . ¿ Dónde has estado , peal ? ¡ Cómo te atreves a tardar , haciéndote de pencas , cuando toda la sal de la tierra se está derritiendo por ti y el sol de la hermosura te aguarda ! Mientras Antoñona expresaba estas quejas , no estaba parada , sino que iba andando y llevando en pos de sí , asido siempre del brazo , al colegial atortolado y silencioso . Salvaron la cancela , y Antoñona la cerró con tiento y sin ruido ; atravesaron el patio , subieron por la escalera , pasaron luego por unos corredores y por dos salas , y llegaron a la puerta del despacho , que estaba cerrada . En toda la casa remaba maravilloso silencio . El despacho estaba en lo interior y no llegaban a él los rumores de la calle . Sólo llegaban , aunque confusos y vagos , el resonar de las castañuelas y el son de la guitarra , y un leve murmullo , causado todo por los criados de Pepita , que tenían su jaleo probe en la casa de campo . Antoñona abrió la puerta del despacho ; empujó a D . Luis para que entrase , y al mismo tiempo le anunció diciendo : — Niña , aquí tienes al señor D . Luis , que viene a despedirse de ti . Hecho el anuncio con la formalidad debida , la discreta Antoñona se retiró de la sala , dejando a sus anchas al visitante y a la niña , y volviendo a cerrar la puerta . Al llegar a este punto no podemos menos de hacer notar el carácter de autenticidad que tiene la presente historia , admirándonos de la escrupulosa exactitud de la persona que la compuso . Porque , si algo de fingido , como en una novela , hubiera en estos Paralipómenos , no cabe duda en que una entrevista tan importante y transcendente como la de Pepita y D . Luis se hubiera dispuesto por medios menos vulgares que los aquí empleados . Tal vez nuestros héroes , yendo a una nueva expedición campestre , hubieran sido sorprendidos por deshecha y pavorosa tempestad , teniendo que refugiarse en las ruinas de algún antiguo castillo o torre moruna , donde por fuerza había de ser fama que aparecían espectros o cosas por el estilo . Tal vez nuestros héroes hubieran caído en poder de alguna partida de bandoleros , de la cual hubieran escapado merced a la serenidad y valentía de D . Luis , albergándose luego durante la noche , sin que se pudiese evitar , y solitos los dos , en una caverna o gruta . Y tal vez , por último , el autor hubiera arreglado el negocio de manera que Pepita y su vacilante admirador hubieran tenido que hacer un viaje por mar , y aunque ahora no hay piratas o corsarios argelinos , no es difícil inventar un buen naufragio , en el cual don Luis hubiera salvado a Pepita , arribando a una isla desierta o a otro lugar poético y apartado . Cualquiera de estos recursos hubiera preparado con más arte el coloquio apasionado de los dos jóvenes y hubiera justificado mejor a D . Luis . Creemos , sin embargo , que en vez de censurar al autor porque no apela a tales enredos , conviene darle gracias por la mucha conciencia que tiene , sacrificando a la fidelidad del relato el portentoso efecto que haría si se atreviese a exornarle y bordarle con lances y episodios sacados de su fantasía .
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