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A un Jesús Nazareno , con la cruz a cuestas y la corona de espinas ; a un Ecce - Homo , ultrajado y azotado , con la caña por irrisorio cetro y la áspera soga por ligadura de las manos , o a un Cristo crucificado , sangriento y moribundo , Pepita no se hubiera atrevido a pedir lo que pidió a Jesús , pequeñuelo todavía , risueño , lindo , sano y con buenos colores . Pepita le pidió que le dejase a D . Luis ; que no se le llevase ; porque él , tan rico y tan abastado de todo , podía sin gran sacrificio desprenderse de aquel servidor y cedérsele a ella . Terminados estos preparativos , que nos será lícito clasificar y dividir en cosméticos , indumentarios y religiosos , Pepita se instaló en el despacho , aguardando la venida de don Luis con febril impaciencia . Atinada anduvo Antoñona en no decirle que iba a venir , sino hasta poco antes de la hora . Aun así , gracias a la tardanza del galán , la pobre Pepita estuvo deshaciéndose , llena de ansiedad y de angustia , desde que terminó sus oraciones y súplicas con el niño Jesús hasta que vio dentro del despacho al otro niño . La visita empezó del modo más grave y ceremonioso . Los saludos de fórmula se pronunciaron maquinalmente de una parte y de otra ; y D . Luis , invitado a ello , tomó asiento en una butaca , sin dejar el sombrero ni el bastón , y a no corta distancia de Pepita . Pepita estaba sentada en el sofá . El velador se veía al lado de ella , con libros y con la palmatoria , cuya luz iluminaba su rostro . Una lámpara ardía además sobre el bufete . Ambas luces , con todo , siendo grande el cuarto , como lo era , dejaban la mayor parte de él en la penumbra . Una gran ventana , que daba a un jardincillo interior , estaba abierta por el calor , y si bien sus hierros eran como la trama de un tejido de rosas - enredaderas y jazmines , todavía por entre la verdura y las flores se abrían camino los claros rayos de la luna , penetraban en la estancia y querían luchar con la luz de la lámpara y de la palmatoria . Penetraban además por la ventana - vergel el lejano y confuso rumor del jaleo de la casa de campo , que estaba al otro extremo , el murmullo monótono de una fuente que había en el jardincillo , y el aroma de los jazmines y de las rosas que tapizaban la ventana , mezclado con el de los don - pedros , albahacas y otras plantas , que adornaban los arriates al pie de ella . Hubo una larga pausa , un silencio tan difícil de sostener como de romper . Ninguno de los dos interlocutores se atrevía a hablar . Era , en verdad , la situación muy embarazosa . Tanto para ellos el expresarse entonces , como para nosotros el reproducir ahora lo que expresaron , es empresa ardua ; pero no hay más remedio que acometerla . Dejemos que ellos mismos se expliquen y copiemos al pie de la letra sus palabras . — Al fin se dignó Vd . venir a despedirse de mí antes de su partida — dijo Pepita — . Yo había perdido ya la esperanza .
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