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— ¡ Vaya una plática larga ! Este sermón que ha predicado el colegial no ha sido el de las siete palabras , sino que ha estado a punto de ser el de las cuarenta horas . Tiempo es ya de que te vayas , don Luis . Son cerca de las dos de la mañana . — Bien está — dijo Pepita — , se irá al momento . Antoñona volvió a salir del despacho , y aguardó fuera . Pepita estaba transformada . Las alegrías que no había tenido en su niñez , el gozo y el contento de que no había gustado en los primeros años de su juventud , la bulliciosa actividad y travesura que una madre adusta y un marido viejo habían contenido y como represado en ella hasta entonces , se diría que brotaron de repente en su alma , como retoñan las hojas verdes de los árboles , cuando las nieves y los hielos de un invierno rigoroso y dilatado han retardado su germinación . Una señora de ciudad , que conoce lo que llamamos conveniencias sociales , hallará extraño y hasta censurable lo que voy a decir de Pepita ; pero Pepita , aunque elegante de suyo , era una criatura muy a lo natural , y en quien no cabían la compostura disimulada y toda la circunspección que en el gran mundo se estilan . Así es que , vencidos los obstáculos que se oponían a su dicha , viendo ya rendido a D . Luis , teniendo su promesa espontánea de que la tomaría por mujer legítima , y creyéndose con razón amada , adorada , de aquél a quien amaba y adoraba tanto , brincaba y reía y daba otras muestras de júbilo , que , en medio de todo , tenían mucho de infantil y de inocente . Era menester que D . Luis partiera . Pepita fue por un peine y le alisó con amor los cabellos , besándoselos después . Pepita le hizo mejor el lazo de la corbata . — Adiós , dueño amado — le dijo — . Adiós , dulce rey de mi alma . Yo se lo diré todo a tu padre , si tú no quieres atreverte . Él es bueno y nos perdonará . Al cabo los dos amantes se separaron . Cuando Pepita se vio sola , su bulliciosa alegría se disipó , y su rostro tomó una expresión grave y pensativa . Pepita pensó dos cosas igualmente serias : una de interés mundano , otra de más elevado interés . Lo primero en que pensó fue en que su conducta de aquella noche , pasada la embriaguez del amor , pudiera perjudicarle en el concepto de D . Luis . Pero hizo severo examen de conciencia , y , reconociendo que ella no había puesto ni malicia , ni premeditación en nada , y que cuanto hizo nació de un amor irresistible y de nobles impulsos , consideró que don Luis no podía menospreciarla nunca , y se tranquilizó por este lado . No obstante , aunque su confesión candorosa de que no entendía el mero amor de los espíritus y aunque su fuga a lo interior de la alcoba sombría había sido obra del instinto más inocente , sin prever los resultados , Pepita no se negaba que había pecado después contra Dios , y en este punto no hallaba disculpa . Encomendose , pues , de todo corazón a la Virgen para que la perdonase : hizo promesa a la imagen de la Soledad , que había en el convento de monjas , de comprar siete lindas espadas de oro , de sutil y prolija labor , con que adornar su pecho ; y determinó ir a confesarse al día siguiente con el vicario y someterse a la más dura penitencia que le impusiera para merecer la absolución de aquellos pecados , merced a los cuales venció la terquedad de D . Luis , quien de lo contrario hubiera llegado a ser cura , sin remedio .
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