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— ¿ Pero se va usted ? — Sí . Ya han perdido ustedes bastante tiempo . Niñas , a trabajar . Esto de arrojar piedras a los vecinos y a los transeuntes , no es la ocupación más a propósito para unas jóvenes tan lindas y de tanto mérito . . . Con que abur . . . . Y sin esperar más razones ni hacer caso de los cumplidos de las muchachas , salió a toda prisa de la casa , dejando en ella a don Juan Tafetán . La escena que había presenciado ; la vejación sufrida por el canónigo ; la inopinada aparición del doctorcillo , aumentaron las confusiones , recelos y presentimientos desagradables que turbaban el alma del pobre ingeniero . Deploró con toda su alma haber entrado en casa de las Troyas , y resuelto a emplear mejor el tiempo , mientras su hipocondría le durase , recorrió las calles de la población . Visitó el mercado , la calle de la Tripería , donde estaban las principales tiendas ; observó los diversos aspectos que ofrecían la industria y comercio de la gran Orbajosa , y como no hallara sino nuevos motivos de aburrimiento , encaminóse al paseo de las Descalzas ; pero no vió en él más que algunos perros vagabundos , porque con motivo del viento molestísimo que reinaba , caballeros y señoras se habían quedado en sus casas . Fué a la botica , donde hacían tertulia diversas especies de progresistas rumiantes , que estaban perpetuamente masticando un tema sin fin ; pero allí se aburrió más . Pasaba al fin junto a la catedral , cuando sintió el órgano y los hermosos cantos del coro . Entró , arrodillóse delante del altar mayor , recordando las advertencias que acerca de la compostura dentro de la iglesia le hiciera su tía ; visitó luego una capilla , y se disponía a entrar en otra , cuando un acólito , celador o perrero se le acercó , y con modales muy descorteses y descompuesto lenguaje , le habló así : — Su Ilustrísima dice que se plante usted en la calle . El ingeniero sintió que la sangre se agolpaba en su cerebro . Sin decir una palabra obedeció . Arrojado de todas partes por fuerza superior o por su propio hastío , no tenía más recurso que ir a casa de su tía , donde le esperaban : 1 . ° El tío Licurgo , para anunciarle un segundo pleito . 2 . ° El Sr . D . Cayetano , para leerle un nuevo trozo de su discurso sobre los linajes de Orbajosa . 3 . ° Caballuco , para un asunto que no había manifestado . 4 . ° Doña Perfecta y su sonrisa bondadosa , para lo que se verá en el capítulo siguiente . XIV La discordia sigue creciendo Una nueva tentativa de ver a su prima Rosario fracasó al caer de la tarde . Pepe Rey se encerró en su cuarto para escribir varias cartas , y no podía apartar de su mente una idea fija . — Esta noche o mañana — decía , — se acabará esto de una manera o de otra . Cuando le llamaron para la cena , doña Perfecta se dirigió a él en el comedor , diciéndole de buenas a primeras : — Querido Pepe , no te apures , yo aplacaré al Sr . D . Inocencio . . . Ya estoy enterada . María Remedios , que acaba de salir de aquí , me lo ha contado todo .
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