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Y digo otra vez que no vengan con gramáticas , ¿ estamos ? . . . y que no me digan las cosas al revés , ¿ estamos ? . . . y si quieren que salga me lo declaren con toda la boca abierta , ¿ estamos ? . . . porque para eso nos ha dado Dios la lengua , para decir esto y aquello . Bien sabe la señora quien soy , así como bien sé yo que le debo la camisa que me pongo , y el pan que cómo hoy , y el primer garbanzo que chupé cuando me despecharon , y la caja en que enterraron a mi padre cuando murió , y las medicinas y el médico que me pusieron bueno cuando estuve enfermo ; y bien sabe la señora que si ella me dice : " Caballuco , rómpete la cabeza , " voy a aquel rincón y contra la pared me la rompo ; bien sabe la señora que si ahora dice ella que es de día , yo , aunque vea la noche , creeré que me equivoco y que es claro día ; bien sabe la señora que ella y su hacienda son antes que mi vida , y que si delante de mí la pica un mosquito , le perdono porque es mosquito ; bien sabe la señora que la quiero más que a cuanto hay debajo del sol . . . . A un hombre de tanto corazón se le dice : " Caballuco , so animal , haz esto o lo otro , " . . . y basta de ritólicas y mete y saca de palabrejas y sermoncillos al revés y pincha por aquí y pellizca por allá . — Vamos , hombre , sosiégate — dijo doña Perfecta con bondad . — Te has sofocado como aquellos oradores republicanos que venían a predicar aquí la religión libre , el amor libre y no sé cuántas cosas libres . . . . Que te traigan un vaso de agua . Caballuco hizo con el pañuelo una especie de rodilla , apretado envoltorio o más bien pelota , y se lo pasó por la ancha frente y cogote para limpiarse ambas partes , cubiertas de sudor . Trajéronle un vaso de agua , y el señor canónigo , con una mansedumbre que cuadraba perfectamente a su carácter sacerdotal , lo tomó de manos de la criada para presentárselo y sostener el plato mientras bebía . El agua se escurría por el gaznate de Caballuco , produciendo un claqueteo sonoro . — Ahora tráigame usted otro a mí , señora Librada — dijo D . Inocencio . — También tengo un poco de fuego dentro . XXII . ¡ Desperta ! — Respecto a lo de las partidas — dijo doña Perfecta cuando concluyeron de beber , — sólo te digo que hagas lo que tu conciencia te dicte . — Yo no entiendo de ditados — gritó Ramos . — Haré lo que sea del gusto de la señora . — Pues yo no te aconsejaré nada en asunto tan grave — repuso ella con la circunspección y comedimiento que tan bien le sentaban . — Eso es muy grave , gravísimo , y yo no puedo aconsejarte nada . — Pero el parecer de usted . . . . — Mi parecer es que abras los ojos y veas , que abras los oídos y oigas . . . . Consulta tu corazón . . . yo te concedo que tienes un gran corazón . . . . Consulta a ese juez , a ese consejero que tanto sabe , y haz lo que él te mande . Caballuco meditó , pensó todo lo que puede pensar una espada . — Los de Naharilla Alta — dijo Vejarruco , — nos contamos ayer y éramos trece , propios para cualquier cosita mayor . . . . Pero como temíamos que la señora se enfadara , no hicimos nada . Es tiempo ya de trasquilar .
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