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No hay ya más bajada al infierno que las de la geología , y este viajero , siempre que vuelve , dice que no hay condenados en el centro de la tierra . No hay más subidas al cielo que las de la astronomía , y ésta a su regreso asegura no haber visto los seis o siete pisos de que hablan el Dante y los místicos y soñadores de la Edad Media . No encuentra sino astros y distancias , líneas , enormidades de espacio y nada más . Ya no hay falsos cómputos de la edad del mundo , porque la paleontología y la prehistoria han contado los dientes de esta calavera en que vivimos y averiguado su verdadera edad . La fábula , llámese paganismo o idealismo cristiano , ya no existe , y la imaginación está de cuerpo presente . Todos los milagros posibles se reducen a los que yo hago cuando se me antoja en mi gabinete con una pila de Bunsen , un hilo inductor y una aguja imantada . Ya no hay más multiplicaciones de panes y peces que las que hace la industria con sus moldes y máquinas y las de la imprenta , que imita a la Naturaleza sacando de un solo tipo millones de ejemplares . En suma , señor canónigo de mi alma , se han corrido las órdenes para dejar cesantes a todos los absurdos , falsedades , ilusiones , ensueños , sensiblerías y preocupaciones que ofuscan el entendimiento del hombre . Celebremos el suceso . Cuando concluyó de hablar , en los labios del canónigo retozaba una sonrisilla , y sus ojos habían tomado animación extraordinaria . D . Cayetano se ocupaba en dar diversas formas , ora romboides , ora prismáticas , a una bolita de pan . Pero doña Perfecta estaba pálida y fijaba sus ojos en el canónigo con insistencia observadora . Rosarito contemplaba llena de estupor a su primo . Éste se inclinó hacia ella , y al oído le dijo disimuladamente en voz muy baja : — No me hagas caso , primita . Digo estos disparates para sulfurar al señor canónigo . VII La desavenencia crece — Puede que creas — indicó doña Perfecta con ligero acento de vanidad , — que el señor D . Inocencio se va a quedar callado sin contestarte a todos y cada uno de esos puntos . — ¡ Oh , no ! — exclamó el canónigo , arqueando las cejas . — No mediré yo mis escasas fuerzas con adalid tan valiente y al mismo tiempo tan bien armado . El Sr . D . José lo sabe todo , es decir , tiene a su disposición todo el arsenal de las ciencias exactas . Bien sé que la doctrina que sustenta es falsa ; pero yo no tengo talento ni elocuencia para combatirla . Emplearía yo las armas del sentimiento ; emplearía argumentos teológicos , sacados de la revelación , de la fe , de la palabra divina ; pero ¡ ay ! el Sr . D . José , que es un sabio eminente , se reiría de la teología , de la fe , de la revelación , de los santos profetas , del Evangelio . Un pobre clérigo ignorante , un desdichado que no sabe matemáticas , ni filosofía alemana en que hay aquello de yo y no yo , un pobre dómine que no sabe más que la ciencia de Dios y algo de poetas latinos , no puede entrar en combate con estos bravos corifeos .
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