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— Yo hablo en términos generales — manifestó Pepe con firmeza . — Siendo , como soy , hijo de un abogado ilustre , no puedo desconocer que algunas personas ejercen esta noble profesión con verdadera gloria . — No . . . si mi sobrino es un chiquillo todavía — dijo el canónigo , afectando humildad . — Muy lejos de mi ánimo afirmar que es un prodigio de saber , como el Sr . de Rey . Con el tiempo ¿ quién sabe ? . . . Su talento no es brillante ni seductor . Por supuesto , las ideas de Jacintito son sólidas , su criterio sano ; lo que sabe lo sabe a macha martillo . No conoce sofisterías ni palabras huecas . . . . Pepe Rey aparecía cada vez más inquieto . La idea de que , sin quererlo , estaba en contradicción con las ideas de los amigos de su tía , le mortificaba , y resolvió callar por temor a que él y D . Inocencio concluyeran tirándose los platos a la cabeza . Felizmente , el esquilón de la catedral , llamando a los canónigos a la importante tarea del coro , le sacó de situación tan penosa . Levantóse el venerable varón y se despidió de todos , mostrándose con Pepe tan lisonjero , tan amable , cual si la amistad más íntima desde largo tiempo les uniera . El canónigo , después de ofrecerse a él para servirle en todo , le prometió presentarle a su sobrino , a fin de que le acompañase a ver la población , y le dijo las expresiones más cariñosas , dignándose agraciarle al salir con una palmadita en el hombro . Pepe Rey , aceptando con gozo aquellas fórmulas de concordia , vió , sin embargo , el cielo abierto cuando el sacerdote salió del comedor y de la casa . VIII A toda prisa Poco después la escena había cambiado . Don Cayetano , encontrando descanso a sus sublimes tareas en un dulce sueño que de él se amparó , yacía blandamente en un sillón del comedor . Doña Perfecta andaba en la casa tras sus quehaceres . Rosarito , sentándose junto a una de las vidrieras que a la huerta se abrían , miró a su primo , diciéndole con la muda oratoria de los ojos : — Primo , siéntate aquí junto a mí , y dime todo eso que tienes que decirme . Éste , aunque matemático , lo comprendió . — Querida prima — dijo Pepe , — ¡ cuánto te habrás aburrido hoy con nuestras disputas ! Bien sabe Dios que por mi gusto no habría pedanteado como viste ; pero el señor canónigo tiene la culpa . . . . ¿ Sabes que me parece singular ese señor sacerdote ? . . . — ¡ Es una persona excelente ! — repuso Rosarito , demostrando el gozo que sentía por verse en disposición de dar a su primo todos los datos y noticias que necesitase . — ¡ Oh ! sí , una excelente persona . ¡ Bien se conoce ! — Cuando le sigas tratando , conocerás . . . . — Que no tiene precio . En fin , basta que sea amigo de tu mamá y tuyo para que también lo sea mío — afirmó el joven . — ¿ Y viene mucho acá ? — Toditos los días . Nos acompaña mucho — - repuso Rosarito con ingenuidad . — ¡ Qué bueno y qué amable es ! ¡ Y cómo me quiere ! — Vamos , ya me va gustando ese señor .
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