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— XIX — Don Robustiano Somoza , en cuanto asomaba Marzo , atribuía las enfermedades de sus clientes a la Primavera médica , de la que no tenía muy claro concepto ; pero como su misión principal era consolar a los afligidos y solía satisfacerles esta explicación climatológica , el médico buen mozo no pensaba en buscar otra . La Primavera médica fue la que postró en cama , según don Robustiano , a la Regenta , que se acostó una noche de fines de Marzo con los dientes apretados sin querer , y la cabeza llena de fuegos artificiales . Al despertar al día siguiente , saliendo de sueños poblados de larvas , comprendió que tenía fiebre . Quintanar estaba de caza en las marismas de Palomares ; no volvería hasta las diez de la noche . Anselmo fue a llamar al médico y Petra se instaló a la cabecera de la cama , como un perro fiel . La cocinera , Servanda , iba y venía con tazas de tila , silenciosa , sin disimular su indiferencia ; era nueva en la casa y venía del monte . Mucho tiempo hacía que Anita no había tenido uno de aquellos impulsos cariñosos de que solía ser objeto don Víctor , pero aquel día , a la tarde , sobre todo al obscurecer , lloró ocultando el rostro , pensando en el esposo ausente . « ¡ Cuánto deseaba su presencia ! sólo él podría acompañarla en la soledad de enfermo que empezaba aquel día » . En vano la Marquesa , Paco , Visitación y Ripamilán acudieron presurosos al tener noticia del mal ; a todos los recibió afablemente , sonrió a todos , pero contaba los minutos que faltaban para las diez de la noche . « ¡ Su Quintanar ! Aquél era el verdadero amigo , el padre , la madre , todo » . La Marquesa estuvo poco tiempo junto a su amiga enferma ; le tocó la frente y dijo que no era nada , que tenía razón Somoza , la primavera médica . . . y habló de zarzaparrilla y se despidió pronto . Paco admiraba en silencio la hermosura de Ana , cuya cabeza hundida en la blancura blanda de las almohadas le parecía « una joya en su estuche » . Observó Visita que más que nunca se parecía entonces Ana a la Virgen de la Silla . La fiebre daba luz y lumbre a los ojos de la Regenta , y a su rostro rosas encarnadas ; y en el sonreír parecía una santa . Paco pensó sin querer , « que estaba apetitosa » . Se ofreció mucho , como su madre , y salió . En el pasillo dio un pellizco a Petra que traía un vaso de agua azucarada . Visita dejó la mantilla sobre el lecho de su amiga y se preparó a meterse en todo , sin hacer caso del gesto impertinente de Petra . « ¿ Quién se fiaba de criados ? Afortunadamente estaba ella allí para todo lo que hiciera falta » .
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