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El diablo , que es agudo en todo , ordenó que venida la noche , yo deseoso de gozar la ocasión , me subí al corredor , y por pasar desde él al tejado que había de ser , vánseme los pies y doy en el de un vecino escribano tan desatinado golpe , que quebré todas las tejas y quedaron estampadas en las costillas . Al ruido despertó la media casa , y pensando que eran ladrones ( que son antojadizos de ellos los de este oficio ) subieron al tejado . Yo que vi esto quíseme esconder detrás de una chimenea y fue aumentar la sospecha , porque el escribano y dos criados y un hermano me molieron a palos y me ataron a la vista de mi dama , sin bastarme ninguna diligencia . Mas ella se reía mucho , porque como yo la había dicho que sabía hacer burlas y encantamentos , pensó que había caído por gracia y nigromancia y no hacía sino decirme que subiese , que bastaba ya . Con esto y con los palos y puñadas que me dieron , daba aullidos ; y era lo bueno que ella pensaba que todo era artificio y no acababa de reír . Comenzó luego a hacer la causa , y porque me sonaron unas llaves en la faldriquera , dijo y escribió que eran ganzúas y aunque las vio , sin haber remedio de que no lo fuesen . Díjele que era don Ramiro de Guzmán y rióse mucho . Yo , triste , que me había visto moler a palos delante de mi dama , y me vi llevar preso sin razón y con mal nombre , no sabía qué hacerme . Hincábame de rodillas y ni por esas ni por esotras bastaba con el escribano . Todo esto pasaba en el tejado , que los tales , aun de las tejas arriba levantan falsos testimonios . Dieron orden de bajarme abajo y lo hicieron por una ventana que caía a una pieza que servía de cocina . * * * * * Libro Tercero : Capítulo VI : Prosigue el cuento , con otros varios sucesos . No cerré los ojos con toda la noche , considerando mi desgracia , que no fue dar en el tejado sino en las manos del escribano , y cuando me acordaba de lo de las ganzúas y las hojas que había escrito en la causa , echaba de ver que no hay cosa que tanto crezca como culpa en poder de escribano . Pasé la noche en revolver trazas ; unas veces me determinaba a rogárselo por Jesucristo , y considerando lo que le pasó con ellos vivo , no me atrevía . Mil veces me quiso desatar , pero sentíame luego y levantábase a visitarme los nudos , que más velaba él en cómo forjaría el embuste que yo en mi provecho . Madrugó al amanecer y vistióse a hora que en toda su casa no había otros levantados sino él y los testimonios . Agarró la correa y tornóme a repasar las costillas , reprehendiéndome el mal vicio de hurtar como quien tan bien le sabía .
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