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Tomé la suya inocentemente y dile la mía . Ofrecíle mi persona para hacerle espaldas , mas él , que tenía trazado el deshacerme las mías , dijo que le importaba ir solo , que me fuese . No bien me aparté de él con su capa , cuando ordena el diablo que dos que lo aguardaban para cintarearlo por una mujercilla , entendiendo por la capa que yo era don Diego , levantan y empiezan una lluvia de espaldarazos sobre mí . Yo di voces , y en ellas y la cara conocieron que no era yo . Huyeron y yo quedéme en la calle con los cintarazos . Disimulé tres o cuatro chichones que tenía y detúveme un rato , que no osé entrar en la calle , de miedo . En fin , a las doce , que era a la hora que solía hablar con ella , llegué a la puerta ; y emparejando , cierra uno de los que me aguardaban por don Diego , con un garrote conmigo , y dame dos palos en las piernas y derríbame en el suelo ; y llega el otro , y dame un trasquilón de oreja a oreja y quítanme la capa , y déjanme en el suelo , diciendo : - ¡ Así pagan los pícaros embustidores mal nacidos ! Comencé a dar gritos y a pedir confesión ; y como no sabía lo que era , aunque sospechaba por las palabras que acaso era el huésped de quien me había salido con la traza de la Inquisición , o el carcelero burlado , o mis compañeros huidos … ; y , al fin , yo esperaba de tantas partes la cuchillada , que no sabía a quién echársela ; pero nunca sospeché en don Diego ni en lo que era . Daba voces : - ¡ A los capeadores ! A ellas vino la justicia ; levantáronme , y viendo mi cara con una zanja de un palmo y sin capa ni saber lo que era , asiéronme para llevarme a curar . Metiéronme en casa de un barbero , curóme , preguntáronme dónde vivía , y lleváronme allá . Acostáronme , y quedé aquella noche confuso , viendo mi cara de dos pedazos y tan lisiadas las piernas de los palos , que no me podía tener en ellas ni las sentía , robado , y de manera que ni podía seguir a los amigos , ni tratar del casamiento , ni estar en la Corte , ni estar fuera . * * * * * Libro Tercero : Capítulo VIII : De su cura y otros sucesos peregrinos . He aquí a la mañana amanece a mi cabecera la huéspeda de casa , vieja de bien , arrugada y llena de afeite , que parecía higo enharinado , niña si se lo preguntaban , con su cara de muesca , entre chufa y castaña apilada , tartamuda , barbada y bizca y roma ; no le faltaba una gota para bruja . Tenía buena fama en el lugar y echábase a dormir con ella y con cuantos querían ; templaba gustos y careaba placeres . Llamábase la Paloma ; alquilaba su casa y era corredora para alquilar otras . En todo el año no se vaciaba la posada de gente .
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