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Una penosa idea le acudía de vez en cuando . Acordábase de que había soñado con instituir en aquella casa el matrimonio cristiano cortado por el patrón de la Sacra Familia . Pues bien , el santo grupo estaba disuelto : allí faltaba San José o lo sustituía un clérigo , que era peor . No se veía al marqués casi nunca ; desde el nacimiento de la niña , en vez de mostrarse más casero y sociable , volvía a las andadas , a su vida de cacerías , de excursiones a casa de los abades e hidalgos que poseían buenos perros y gustaban del monte , a los cazaderos lejanos . Pasábase a veces una semana fuera de los Pazos de Ulloa . Su hablar era más áspero , su genio , más egoísta e impaciente , sus deseos y órdenes se expresaban en forma más dura . Y aún notaba Julián más alarmantes indicios . Le inquietaba ver que Sabel recibía otra vez su antigua corte de sultana favorita , y que la Sabia y su progenie , con todas las parleras comadres y astrosos mendigos de la parroquia , pululaban allí , huyendo a escape cuando él se acercaba , llevando en el seno o bajo el mandil bultos sospechosos . Perucho ya no se ocultaba , antes se le encontraba por todas partes enredado en los pies , y , en suma , las cosas iban tornando al ser y estado que tuvieron antes . Trataba el bueno del capellán de comulgarse a sí propio con ruedas de molino , diciéndose que aquello no significaba nada ; pero la maldita casualidad se empeñó en abrirle los ojos cuando no quisiera . Una mañana que madrugó más de lo acostumbrado para decir su misa , resolvió advertir a Sabel que le tuviese dispuesto el chocolate dentro de media hora . Inútilmente llamó a su cuarto , situado cerca de la torre en que Julián dormía . Bajó con esperanzas de encontrarla en la cocina , y al pasar ante la puerta del gran despacho próximo al archivo , donde se había instalado don Pedro desde el nacimiento de su hija , vio salir de allí a la moza , en descuidado traje y soñolienta . Las reglas psicológicas aplicables a las conciencias culpadas exigían que Sabel se turbase : quien se turbó fue Julián . No sólo se turbó , pero subió de nuevo a su dormitorio , notando una sensación extraña , como si le hubiesen descargado un fuerte golpe en las piernas quebrándoselas . Al entrar en su habitación , pensaba esto o algo análogo : « Vamos a ver , ¿ quién es el guapo que dice misa hoy ? » . - XIX - No , ese guapo no era él . ¡ Buena misa sería la que dijese , con la cabeza hecha una olla de grillos ! Hasta reprimir los amotinados pensamientos que le acuciaban , hasta adoptar una resolución firme y valedera , Julián no se atrevía ni a pensar en el santo sacrificio . La cosa era bien clara . Situación : la misma del año penúltimo . Tenía que marcharse de aquella casa echado por el feo vicio , por el delito infame . No le era lícito permanecer allí ni un instante más . Salvo el debido respeto , se había llevado la trampa el matrimonio cristiano , en cierto modo obra suya , y ya no quedaba rastro de hogar , sino una sentina de corrupción y pecado . A otra parte , pues , con la música .
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