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Me representé a mi país como una inmensa tierra poblada de gentes , todos fraternalmente unidos ; me representé la sociedad dividida en familias , en las cuales había esposas que mantener , hijos que educar , hacienda que conservar , honra que defender ; me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera , y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos barcos para defender la patria , es decir , el terreno en que ponían sus plantas , el surco regado con su sudor , la casa donde vivían sus ancianos padres , el huerto donde jugaban sus hijos , la colonia descubierta y conquistada por sus ascendientes , el puerto donde amarraban su embarcación fatigada del largo viaje ; el almacén donde depositaban sus riquezas ; la iglesia , sarcófago de sus mayores , habitáculo de sus santos y arca de sus creencias ; la plaza , recinto de sus alegres pasatiempos ; el hogar doméstico , cuyos antiguos muebles , transmitidos de generación en generación , parecen el símbolo de la perpetuidad de las naciones ; la cocina , en cuyas paredes ahumadas parece que no se extingue nunca el eco de los cuentos con que las abuelas amansan la travesura e inquietud de los nietos ; la calle , donde se ven desfilar caras amigas ; el campo , el mar , el cielo ; todo cuanto desde el nacer se asocia a nuestra existencia , desde el pesebre de un animal querido hasta el trono de reyes patriarcales ; todos los objetos en que vive prolongándose nuestra alma , como si el propio cuerpo no le bastara . Yo creía también que las cuestiones que España tenía con Francia o con Inglaterra eran siempre porque alguna de estas naciones quería quitarnos algo , en lo cual no iba del todo descaminado . Parecíame , por tanto , tan legítima la defensa como brutal la agresión ; y como había oído decir que la justicia triunfaba siempre , no dudaba de la victoria . Mirando nuestras banderas rojas y amarillas , los colores combinados que mejor representan al fuego , sentí que mi pecho se ensanchaba ; no pude contener algunas lágrimas de entusiasmo ; me acordé de Cádiz , de Vejer ; me acordé de todos los españoles , a quienes consideraba asomados a una gran azotea , contemplándonos con ansiedad ; y todas estas ideas y sensaciones llevaron finalmente mi espíritu hasta Dios , a quien dirigí una oración que no era Padre - nuestro ni Ave - María , sino algo nuevo que a mí se me ocurrió entonces . Un repentino estruendo me sacó de mi arrobamiento , haciéndome estremecer con violentísima sacudida . Había sonado el primer cañonazo . - XI - Un navío de la retaguardia disparó el primer tiro contra el Royal Sovereign , que mandaba Collingwood . Mientras trababa combate con este el Santa Ana , el Victory se dirigía contra nosotros . En el Trinidad todos demostraban gran ansiedad por comenzar el fuego ; pero nuestro comandante esperaba el momento más favorable . Como si unos navíos se lo comunicaran a los otros , cual piezas pirotécnicas enlazadas por una mecha común , el fuego se corrió desde el Santa Ana hasta los dos extremos de la línea . El Victory atacó primero al Redoutable francés , y rechazado por este , vino a quedar frente a nuestro costado por barlovento . El momento terrible había llegado : cien voces dijeron ¡ fuego ! , repitiendo como un eco infernal la del comandante , y la andanada lanzó cincuenta proyectiles sobre el navío inglés . Por un instante el humo me quitó la vista del enemigo . Pero éste , ciego de coraje , se venía sobre nosotros viento en popa . Al llegar a tiro de fusil , orzó y nos descargó su andanada . En el tiempo que medió de uno a otro disparo , la tripulación , que había podido observar el daño hecho al enemigo , redobló su entusiasmo . Los cañones se servían con presteza , aunque no sin cierto entorpecimiento , hijo de la poca práctica de algunos cabos de cañón . Marcial hubiera tomado por su cuenta de buena gana la empresa de servir una de las piezas de cubierta ; pero su cuerpo mutilado no era capaz de responder al heroísmo de su alma . Se contentaba con vigilar el servicio de la cartuchería , y con su voz y con su gesto alentaba a los que servían las piezas .
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