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Sentáronse los dos . Almudena , dando resoplidos , se limpió el copioso sudor de su frente . Benina no le quitaba los ojos , atenta a sus movimientos , pues no las tenía todas consigo , viéndose sola con el enojado marroquí en lugar tan solitario . « A ver . . . amos . . . a ver por qué soy tan mala y tan engañadora . ¿ Por qué ? — Poique ti n'gañar mí . Yo quiriendo ti , tú quirier otro . . . Sí , sí . . . Señor bunito , cabaiero galán . . . ti queriendo él . . . Enfermo él casa Comadreja . . . tú llevar casa tuya él . . . quirido tuyo . . . quirido . . . rico él , señorito él . . . — ¿ Quién te ha contado esas papas , Almudena ? — dijo la buena mujer echándose a reír con toda su alma . — No negar tú cosa . . . Tu n'fadar mí ; riyendo tú mí . . . » . Al expresarse de este modo , poseído de súbito furor , se puso en pie , y antes de que Benina pudiera darse cuenta del peligro que la amenazaba , descargó sobre ella el palo con toda su fuerza . Gracias que pudo la infeliz salvar la cabeza apartándola vivamente ; pero la paletilla , no . Quiso ella arrebatarle el palo ; pero antes de que lo intentara recibió otro estacazo en el hombro , y un tercero en la cadera . . . La mejor defensa era la fuga . En un abrir y cerrar de ojos , se puso la anciana a diez pasos del ciego . Este trató de seguirla ; ella le buscaba las vueltas ; se ponía en lugar seguro , y él descargaba sus furibundos garrotazos en el aire y en el suelo . En una de estas cayó boca abajo , y allí se quedó cual si fuera la víctima , mordiendo la tierra , mientras la señora de sus pensamientos le decía : « Almudena , Almudenilla , si te cojo , verás . . . ¡ tontaina , borricote ! . . . » . XXIV Después de revolcarse en el suelo con epiléptica contracción de brazos y piernas , y de golpearse la cara y tirarse de los pelos , lanzando exclamaciones guturales en lengua arábiga , que Benina no entendía , rompió a llorar como un niño , sentado ya a estilo moro , y continuando en la tarea de aporrearse la frente y de clavar los dedos convulsos en su rostro . Lloraba con amargo desconsuelo , y las lágrimas calmaron sin duda , su loca furia . Acercose Benina un poquito , y vio su rostro inundado de llanto que le humedecía la barba . Sus ojos eran fuentes por donde su alma se descargaba del raudal de una pena infinita . Pausa larga . Almudena , con voz quejumbrosa de chiquillo castigado , llamó cariñosamente a su amiga . « Nina . . . amri . . . ¿ Estar aquí ti ? — Sí , hijo mío , aquí estoy viéndote llorar como San Pedro después que hizo la canallada de negar a Cristo . ¿ Te arrepientes de lo que has hecho ? — Sí , sí . . . amri . . . ¡ Haber pegado ti ! . . . ¿ Doler ti mocha ? — ¡ Ya lo creo que me escuece ! — Yo malo . . . yorando mí días mochas , poique pegar ti . . . Amri , perdoñar tú mí . . . — Sí . . . perdonado . . . Pero no me fío . — Tomar tú palo — le dijo alargándoselo — Venir qui . . . cabe mí . Coger palo y dar mí fuerte , hasta que matar tú mí .
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