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Frente a Frasquito se sentaban dos que comían guisado , en un solo plato grande , ración de dos reales , y más allá , en el ángulo opuesto , un individuo que despachaba pausada y metódicamente una ración de caracoles . Era verdaderamente el tal una máquina para comerlos , porque para cada pieza empleaba de un modo invariable los mismos movimientos de la boca , de las manos y hasta de los ojos . Cogía el molusco , lo sacaba con un palito , se lo metía en la boca , chupaba después el agüilla contenida en la cáscara , y al hacer esto dirigía una mirada rencorosa a Frasquito Ponte ; luego dejaba la cáscara vacía y cogía otra llena , para repetir la misma función , siempre a compás , con igualdad de gestos y mohines al sacar el bicho , y al comerlo , con igualdad de miradas : una de simpatía hacia el caracol en el momento de cogerlo ; otra de rencor hacia Frasquito en el momento de chupar . Pasó tiempo , y el hombre aquel , de rostro jimioso y figura mezquina , continuaba acumulando cáscaras vacías en un montoncillo , que crecía conforme mermaba el de las llenas ; y Ponte , que le tenía delante , principiaba a inquietarse de las miradas furibundas que como figurilla mecánica de caja de música le echaba , a cada vuelta de manubrio , el comedor de caracoles . XXXV Sentía Ponte Delgado vivas ganas de pedir explicaciones al tipo aquel por su mirar impertinente . La causa de este no podía ser otra que la novedad que Frasquito ofrecía al público con el despintado de su rostro , y el buen caballero se decía : « ¿ Pero qué le importa a nadie que yo me arregle o deje de arreglarme ? Yo hago de mi fisonomía lo que me da la gana , y no estoy obligado a dar gusto a los señores , presentándoles siempre la misma cara . Con la vieja , lo mismo que con la joven , sé yo hacerme respetar y dejar bien puesto mi decoro » . Ya se proponía contraponer al mirar cargantísimo de aquel punto una ojeada de desprecio , cuando el de los caracoles , vaciado , comido y chupado el último , y puesta la cáscara en su sitio , pagó el gasto ; se colocó en los hombros la capa , que se le había caído ; encasquetose la gorrilla , y levantándose se fue derecho al desteñido caballero , y con muy buen modo le dijo : « Sr . de Ponte , perdóneme que le haga una pregunta » . Por el tono cordial del individuo , comprendió Frasquito que era un infeliz , de estos que expresan con el modo de mirar todo lo contrario de lo que son . « Usted dirá . . . — Perdóneme , Sr . de Ponte . . . Quería saber , siempre que usted no lo lleve a mal , si es verdad que Antonio Zapata y su hermana han tenido una herencia de tantismos millones . — Hombre , tanto como de millones , no creo . . . Diré a usted : mi parte en la herencia , como la que también disfruta Doña Francisca Juárez , no pasa de una pensión , cuya cuantía no sabemos aún a punto fijo . Pero podré darle a usted dentro de poco noticias exactas . ¿ Por casualidad es usted periodista ?
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