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— Ve — - dijo simplemente — . Tú no sabes lo que es esta guerra ; yo vengo de ella , la he visto de cerca . No es una guerra como las otras , con enemigos leales : es una cacería de fieras . . . Tira sin escrúpulo contra el montón . Por cada uno que tumbes , libras á la humanidad de un peligro . Se detuvo unos instantes , como si dudase , y añadió al fin con trágica calma : — Tal vez encuentres frente á ti rostros conocidos . La familia no se forma siempre á nuestro gusto . Hombres de tu sangre están al otro lado . Si ves á alguno de ellos . . . no vaciles , ¡ tira ! es tu enemigo . ¡ Mátalo ! . . . ¡ mátalo ! TERCERA PARTE I Después del Marne A fines de Octubre , la familia Desnoyers volvió á París . Doña Luisa no podía vivir en Biarritz , lejos de su marido , En vano « la romántica » le hablaba de los peligros del regreso . El gobierno todavía estaba en Burdeos ; el presidente de la República y los ministros sólo hacían rápidas apariciones en la capital . Podía cambiar de un momento á otro el curso de la guerra : lo del Marne sólo representaba un alivio momentáneo . . . Pero la buena señora se mantuvo insensible á estas sugestiones luego de haber leído las cartas de don Marcelo . Además , pensaba en su hijo , su Julio , que era soldado . . . Creyó que regresando á París estaría más en contacto con él que en esta playa vecina á la frontera española . Chichí también quiso volver . René ocupaba mucho lugar en su pensamiento . La ausencia había servido para que se enterase de que estaba enamorada . ¡ Tanto tiempo sin ver al « soldadito de azúcar » ! . . . Y la familia abandonó su vida de hotel para regresar á la avenida Víctor Hugo . París iba modificando su aspecto después de la sacudida de á principios de Septiembre . Los dos millones escasos de habitantes que permanecieron quietos en sus casas , sin dejarse arrastrar por el pánico , habían acogido con grave serenidad la victoria . Ninguno se explicaba con exactitud el curso de la batalla : vinieron á conocerla cuando ya había terminado . Un domingo de Septiembre , á la hora en que paseaban los parisienses aprovechando el hermoso atardecer , supieron por los periódicos el gran triunfo de los aliados y el peligro que habían corrido . La gente se alegró , pero sin abandonar su actitud calmosa . Seis semanas de guerra habían cambiado radicalmente el carácter de París , bullanguero é impresionable . La victoria fué devolviendo lentamente á la capital su antiguo aspecto . Una calle desierta semanas antes se poblaba de transeuntes . Iban abriéndose las tiendas . Los vecinos , acostumbrados en sus casas á un silencio conventual , volvían á escuchar ruidos de instalación en el techo y debajo de sus pies . La alegría de don Marcelo al ver llegar á los suyos fué obscurecida por la presencia de doña Elena . Era Alemania que volvía á su encuentro , el enemigo otra vez en su domicilio . ¿ Cuándo podría libertarse de esta esclavitud ? . . . Ella callaba en presencia de su cuñado . Los sucesos recientes parecían desorientarla . Su rostro tenía una expresión de extrañeza , como si contemplase en pleno trastorno las leyes físicas más elementales . Le era imposible comprender en sus reflexivos silencios cómo los alemanes no habían conquistado aquel suelo que ella pisaba ; y para explicarse este fracaso , admitía las más absurdas suposiciones .
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