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Vestía un uniforme flamante , del nuevo color azul grisáceo , color de « horizonte » , adoptado por el ejército francés . El barboquejo del kepis era dorado y en las mangas llevaba un pequeño retazo de oro . Su sonrisa , sus manos tendidas , la seguridad con que avanzaba hacia ella , le hicieron reconocerle . ¡ René oficial ! . . . ¡ Su novio subteniente ! — Sí ; ya no puedo más . . . Ya he oído bastante . A espaldas del padre y valiéndose de sus amistades había realizado en pocos días esta transformación . Como alumno de la Escuela Central , podía ser subteniente en la artillería de reserva , y había solicitado que le enviasen al frente . ¡ Terminado el servicio auxiliar ! . . . Antes de dos días iba á salir para la guerra . — ¡ Tú has hecho eso ! — exclamó Chichí — . ¡ Tú has hecho eso ! . . . Le miraba , pálida , con los ojos enormemente agrandados , unos ojos que parecían devorarle con su admiración . — Ven , pobrecito mío . . . Ven aquí , soldadito dulce . . . Te debo algo . Y volviendo su espalda á la doncella , le invitó á doblar una esquina inmediata . Era lo mismo : la calle transversal estaba tan frecuentada como la avenida . ¡ Pero el cuidado que le daban á ella los curiosos ! . . . Con vehemencia , le echó los brazos al cuello , ciega é insensible para todo lo que no fuese él . — Toma . . . toma . Plantó en su cara dos besos violentos , sonoros , agresivos . Después , vacilando sobre sus piernas , súbitamente desfallecida , se llevó el pañuelo á los ojos y rompió á llorar desesperadamente . II En el estudio Al abrir una tarde la puerta , Argensola quedó inmóvil , como si la sorpresa hubiese clavado sus pies en el suelo . Un viejo le saludaba con amable sonrisa . — Soy el padre de Julio . Y pasó adelante , con la seguridad de un hombre que conoce perfectamente el lugar donde se encuentra . Por fortuna , el pintor estaba solo , y no necesitó correr de un lado á otro disimulando los vestigios de una grata compañía . Tardó algún tiempo en reponerse de su emoción . Había oído hablar tanto de don Marcelo y su mal carácter , que le causó una gran inquietud verle aparecer inesperadamente en el estudio . . . ¿ Qué deseaba el temible señor ? Su tranquilidad fué renaciendo al examinarle con disimulo . Se había aviejado mucho desde el principio de la guerra . Ya no conservaba aquel gesto de tenacidad y mal humor que parecía repeler á las gentes . Sus ojos brillaban con una alegría pueril ; le temblaban ligeramente las manos ; su espalda se encorvaba . Argensola , que había huído siempre al encontrarle en la calle y experimentado grandes miedos al subir la escalera de servicio de su casa , sintió ahora una repentina confianza . Le sonreía como á un camarada ; daba excusas para justificar su visita . Había querido ver la casa de su hijo . ¡ Pobre viejo ! . . . Le arrastraba la misma atracción del enamorado que , para alegrar su soledad , recorre los lugares que frecuentó la persona amada . No le bastaban las cartas de Julio : necesitaba ver su antigua vivienda , rozarse con todos los objetos que le habían rodeado , respirar el mismo aire , hablar con aquel joven que era su íntimo compañero .
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