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IV No hay quien le mate Cuatro meses después , la confianza de don Marcelo sufrió un rudo golpe . Julio estaba herido . Pero al mismo tiempo que recibía la noticia con un retraso lamentable , Lacour le tranquilizó con sus averiguaciones en el Ministerio de la Guerra . El sargento Desnoyers era subteniente , su herida estaba casi curada , y gracias á las gestiones del senador vendría á pasar una quincena de convalecencia al lado de su familia . — Un valiente , amigo mío — terminó diciendo el personaje — . He leído lo que dicen de él sus jefes . Al frente de su pelotón atacó á una compañía alemana ; mató por su mano al capitán ; hizo no sé cuántas hazañas más . . . Le han dado la Medalla Militar , lo han hecho oficial . . . Un verdadero héroe . Y el padre , llorando de emoción , movía su cabeza temblorosamente , cada vez más envejecido y más entusiasta . Se arrepintió de su falta de fe en los primeros momentos , al recibir la noticia de la herida . Casi había creído que su hijo podía morir . ¡ Un absurdo ! . . . A Julio no había quien lo matase : se lo afirmaba el corazón . Le vió entrar un día en su casa , entre gritos y espasmos de las mujeres . La pobre doña Luisa lloraba abrazada á él , colgándose de su cuello con estertores de emoción . Chichí le contempló grave y reflexiva , colocando la mitad de su pensamiento en el recién llegado , mientras el resto volaba lejos , en busca de otro combatiente . Las doncellas cobrizas se disputaron la abertura de un cortinaje , pasando por este hueco sus curiosas miradas de antílope . El padre admiró el pequeño retazo de oro en las bocamangas del capotón gris con los faldones abrochados atrás , examinando después el casco azul obscuro de bordes planos adoptado por los franceses para la guerra de trincheras . El kepis tradicional había desaparecido . Un airoso capacete , semejante al de los arcabuceros de los tercios españoles , sombreaba el rostro de Julio . Se fijó igualmente en su barba corta y bien cuidada , distinta de la que él había visto en las trincheras . Iba limpio y acicalado por su reciente salida del hospital . — ¿ No es verdad que se me parece ? — dijo el viejo con orgullo . Doña Luisa protestó , con la intransigencia que muestran las madres en materia de semejanzas . — Siempre ha sido tu vivo retrato . Al verle sano y alegre , toda la familia experimentó una repentina inquietud . Deseaban examinar su herida para convencerse de que no corría ningún peligro . — ¡ Si no es nada ! — protestó el subteniente — . Un balazo en un hombro . Los médicos temieron que perdiese el brazo izquierdo ; pero todo ha quedado bien . . . No hay que acordarse . Chichí revisó á Julio con los ojos , de pies á cabeza , descubriendo inmediatamente los detalles de su elegancia militar . El capote estaba rapado y sucio , las polainas arañadas , olía á paño sudado , á cuero , á tabaco fuerte ; pero en una muñeca llevaba un reloj de platino y en la otra la medalla de identidad sujeta con una cadena de oro . Siempre había admirado al hermano por su buen gusto ingénito ; y guardó en su memoria estos detalles para comunicarlos por escrito á René . Luego pensó en la conveniencia de sorprender á mamá con una demanda de empréstito para hacer por su cuenta un envío al artillero .
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