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Y doña Luisa entró á tiempo para sostener á su marido , que se venía al suelo . El senador se excusaba , confuso , ante los muebles , ante las paredes , volviendo la espalda en su aturdimiento al cabizbajo René , que era el único que podía oirle . — No me ha dejado terminar . . . Ha adivinado desde la primera palabra . . . Chichí se presentó , atraída por el grito , para ver cómo su padre se escapaba de los brazos de su esposa , cayendo en un sofá , rodando luego por el suelo , con los ojos vidriosos y salientes , con la boca contraída , llorando espuma . Un lamento se extendió por las lujosas habitaciones , un quejido , siempre el mismo , que pasaba por debajo de las puertas hasta la escalera majestuosa y solitaria : — ¡ Oh , Julio ! . . . ¡ Oh , hijo mío ! . . . V Campos de muerte Iba avanzando el automóvil lentamente , bajo el cielo lívido de una mañana de invierno . Temblaba el suelo á lo lejos con blancas palpitaciones , semejantes al aleteo de una banda de mariposas posada en los surcos . Sobre unos campos , el enjambre era denso ; en otros , formaba pequeños grupos . Al aproximarse el vehículo , las blancas mariposas se animaban con nuevos colores . Un ala se volvía azul ; otra , encarnada . . . Eran pequeñas banderas , á cientos , á miles , que se estremecían día y noche con la tibia brisa impregnada de sol , con el huracán acuoso de las mañanas pálidas , con el frío mordiente de las noches interminables . La lluvia había lavado y relavado sus colores , debilitándolos . Las telas , inquietas , tenían sus bordes roídos por la humedad . Otras estaban quemadas por el sol , como insectos que acabasen de rozar el fuego . Las banderas dejaban entrever con las palpitaciones de su temblor leños negros que eran cruces . Sobre estos maderos aparecían kepis obscuros , gorros rojos , cascos rematados por cabelleras de crines que se pudrían lentamente , llorando lágrimas atmosféricas por todas sus puntas . — ¡ Cuánto muerto ! — suspiró en el interior del automóvil la voz de don Marcelo . Y René , que iba enfrente de él , movió la cabeza con triste sentimiento . Doña Luisa miraba la fúnebre llanura , mientras sus labios se estremecían levemente con un rezo continuo . Chichí volvía á un lado y á otro sus ojos , agrandados por el asombro . Parecía más grande , más fuerte , á pesar de la palidez verdosa que descoloraba su rostro . Las dos señoras iban vestidas de luto , con luengos velos . De luto también el padre , hundido en su asiento , con aspecto de ruina , las piernas cuidadosamente envueltas en una manta de pieles . René conservaba su uniforme de campaña , llevando sobre él un corto impermeable de automovilista . A pesar de sus heridas , no había querido retirarse del ejército . Estaba agregado á una oficina técnica hasta la terminación de la guerra . La familia Desnoyers iba á cumplir su deseo . Al recobrar sus sentidos , después de la noticia fatal , el padre había concentrado toda su voluntad en una petición : — Necesito verle . . . ¡ Oh , mi hijo ! . . . ¡ Mi hijo !
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